Tiranía de Dragones (1). Greenest en llamas.

Pues ya me tocaba iniciar también la recopilación de crónicas de la otra campaña de D&D que estamos jugando, en esta ocasión dirigida por Masterblstr y con las reglas de la quinta edición, que quizás es con la que me encuentro más cómodo. Ya he comentado en otra ocasión (en la primera de las entradas de este blog) que poco había catado yo el D&D en cualquiera de sus ediciones, pero no sé qué me pasa con esta quinta edición que le he pillado el punto. Quizá sea que el nuevo sistema me resulta más ágil y comprensible, o que las ilustraciones de cualquiera de los productos que ha sacado para esta edición Wizards of de Coast son magníficas, o que las primeras partidas con las que me aficioné a escuchar partidas on line colgadas en YouTube (no tengo mucho tiempo disponible para trastear por la red así que me las bajo en audio para escucharlas a lo largo de la semana) fueron con este sistema, en concreto con la Trilogía de Freeport (que podéis encontrar aquí) y con la Horda de la Mano Roja (aquí).

A pesar de que ya hemos jugado unas cuantas sesiones de esta campaña todavía no había iniciado su crónica y ya iba siendo hora de ponerme a ello antes de que se me olviden más detalles de la historia (de hecho creo que algunos de los nombres puede que no sean del todo correctos, ya que muchos de los datos son notas de la narración cogidas al vuelo), así que…, ¡al turrón!

greenest_locmapLos personajes forman parte de una caravana de viajeros y mercaderes que se dirige a Greenest, un pueblo de la Costa de la Espada fundado en su día por un halfling que se ha convertido en un importante enclave de comercio en el interior de la Costa de la Espada. Con el grupo de viajeros se encuentra Helnirr, un imponente bárbaro de las montañas del que destaca un enorme espadón a dos manos del que no se desprende ni cuando duerme; Tárdivel Conogan, un bardo humano que ha amenizado el recorrido de los viajeros y que hace las delicias de los más pequeños contando sus historias sobre tesoros perdidos y grandes batallas del pasado; Ulgrar, el enano clérigo de Moradin, de carácter recio y serio; y por último Vindrax Vex, un mago dracónido que trata de permanecer discreto en uno de los carros de la caravana, tapando su cabeza con la capucha de su capa pues es consciente de que la reacción de los demás viajeros ante su presencia suele ser, como mínimo, de cautela al ver su apariencia reptiliana.

Al frente del grupo de viajeros la caravana va Ivellios Valclunir, el guía de la caravana, un elfo explorador de carácter afable que, en las ocasiones en que la caravana se detiene para descansar, en no pocas ocasiones ameniza el viaje junto con Tárdivel.

94135_CN_GLCuando están llegando a las proximidades de Greenest el elfo explorador, que va en cabeza de la caravana, se detiene sorprendido al alcanzar la última loma del camino y es el primero en ver cómo una pequeña horda de criaturas está atacando el pueblo de Greenest mientras un imponente dragón azul está sobrevolando la ciudad mientras destroza algunos de los edificios con sus garras y rayos que hace surgir de sus fauces. Al percibir el estado de alerta y sorpresa del guía, los demás personajes indican al resto de la caravana que detengan el avance y corren prestos junto a Ivellios para averiguar qué fue lo que provocó esa reacción en el explorador. La escena de lo que está viviendo la ciudad es espeluznante: ven cómo los atacantes, sin oposición alguna, saquean, incendian y hostigan sin piedad a los habitantes de la ciudad que todavía no pudieron alcanzar la seguridad de los muros de la fortaleza que se alza en medio de la ciudad.

3a48c69b1d3284dd38f7840e002fda62Sin pensarlo demasiado, tras un rápido cruce de miradas entre ellos, Hellnirr desciende de la loma hacia la ciudad corriendo con su enorme espadón desenvainado y seguido por los demás personajes para tratar de ayudar a un grupo de niños, una mujer y un anciano que están siendo perseguidos por un grupo de kobolds. Las malvadas criaturas son sorprendidas al no contar hasta este momento con oposición en sus mezquinas acciones y los personajes consiguen entretener a los kobolds el tiempo suficiente para que los ciudadanos que estaban siendo acosados pudieran alcanzar la fortaleza para ponerse a salvo.

Los personajes consiguen acabar con los kobolds y deciden continuar avanzando con cautela por entre las viviendas del pueblo, hasta que encuentran otro desprevenido grupo de kobolds que está saqueando una vivienda, pero en esta ocasión están acompañados por dos criaturas dracónidas con poderosas mandíbulas armadas con afilados dientes. Tratando de aprovechar la circunstancia de que todavia no han sido descubiertos, los personajes tratan de tenderles una emboscada a los saqueadores, con relativo éxito, pues tras el primer ataque enseguida cae inconsciente Ivellios, demostrando los kobolds su naturaleza guerrera y esa especie de perros-dragón su peligrosidad respondiendo ferozmente a los ataques de los personajes. Tras una dura lucha con los saqueadores de la que salen victoriosos, el grupo de aventureros decide descansar un rato refugiándose en una de las casas vacías del pueblo, antes de proseguir su camino hacia la fortaleza.

Tras un breve descanso Tárdivel llama la atención de sus compañeros paradescarga advertirles que por una de las calles cercanas se aproxima un grupo de tres guerreros (mercenarios por su aspecto ya que, a pesar de que parecen bien pertrechados, no están uniformados) acompañados por un personaje que oculta su rostro bajo la capucha de una enorme capa púrpura y que parece estar al mando del grupo. Al parecer no se dirigen directamente hacia la casa en la que están los aventureros y no son conscientes de su presencia, por lo que éstos deciden emboscarlos desde la casa. En esta ocasión Vindrax Vex consigue deshacerse del encapuchado y de uno de los guerreros que lo acompañan durmiéndolos con uno de sus hechizos, mientras que el resto de los aventureros consiguen dejar fuera de combate a los guerreros humanos que los acompañaban. Tras la lucha se esconden de nuevo en la casa llevando con ellos al encapuchado.

Ya dentro de la vivienda y habiendo inmovilizado de pies y manos al prisionero lo despiertan para interrogarlo a cerca del origen de la horda que está atacando el pueblo. A base de amenazas y en gran medida gracias la presencia imponente e intimidante de Helnir el bárbaro, consiguen sonsacarle cierta información y les desvela que pertenece al Culto del Dragón, que la horda de saqueadores está comandada por un tal Frulam Mondath y que su campamento está situado al sudeste de Greenest. La actitud de su prisionero es feroz y altiva, a pesar de su situación, y les grita que no podrán hacer nada contra ellos, sus huestes son numerosas y están reuniendo un gran botín para propiciar el regreso de… ¡Tiamat, la Reina de los Dragones!

Tras constatar que no podrán extraer más información útil del cultista, deciden dejar a su prisionero atado y amordazado en el piso superior de la casa y tratar de acelerar su llegada a la fortaleza para trasladar a los gobernantes de Greenest esa información y ponerse a su disposición para la defensa del pueblo.

Los personajes consiguen llegar a la fortaleza sin contratiempos y allí encuentran a todos sus ocupantes ocupados en la defensa de la plaza y atendiendo a los refugiados que han conseguido ampararse tras los muros. El Gobernador Nighthill, un hombre de avanzada edad, es quién ostenta las responsabilidades de gobierno en

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Escobert “el Rojo”

Greenest y Escobert “El Rojo”, un aguerrido guerrero enano, es el castellano de Greenest. Tras una entrevista con ellos (breve por el caos continuo provocado por los atacantes), les agradecen enormemente su ayuda y les cuentan que no esperaban un ataque semejante de esas criaturas, desconocen qué es lo que están buscando pero que, en cualquier caso, al parecer los atacantes se ocupan más de saquear y destruir el pueblo que en asediar la fortaleza, salvo el dragón, claro, que de vez en cuando en vuelo dirige sus ataques de aliento contra la fortaleza y quienes allí se refugian. Precisamente la conversación es repentinamente interrumpida por un nuevo ataque del dragón azul, que sobrevuela la fortaleza y un enorme rayo provoca graves daños en la estructura de las murallas. La presencia de esa bestia consigue atemorizar a varios de los aventureros, además de algunos otros soldados y refugiados, que entre gritos de horror tratan de buscar refugio en el interior de las estancias de la abarrotada fortaleza. En cambio el elfo Ivellios Valclunir demuestra su entereza manteniendo el tipo y consigue acertar con varias de sus flechas y herir al enorme dragón azul, el cual desiste de continuar atacando la fortaleza y decide redirigir sus ataques  hacia otras zonas indefensas del pueblo.

Por si fuese poco el caos provocado por el ataque del dragón, los personajes escuchan gritos  procedentes de una parte de las murallas de la fortaleza, ¡al parecer los incursores han conseguido abrir una brecha y están tratando de introducirse en el interior!

Hacia allá se dirigen a toda prisa los aventureros para tratar de detenerlos, siguiendo las instrucciones de Escobert “El Rojo”, en esta ocasión acompañados de otros dos personajes que ya se encontraban en el interior del castillo: Velden Commonwhirl, un monje guerrero humano y Molnar Vörös, un ágil bribón dispuesto a ayudar y poner de su parte en un momento tan crítico como éste. Entre todos ellos consiguen sin grandes problemas rechazar a los incursores que amenazaban con entrar en la fortaleza a través de la pequeña brecha que habían conseguido abrir en el muro.

Tras agradecerles de nuevo su oportuna intervención en el incidente de la muralla, Escobert el Rojo, seriamente preocupado, les solicita de nuevo su ayuda con urgencia: le han informado que, al parecer, el ejército invasor estaba atacando el molino y el grano en las afueras de la ciudad. Hay muy pocas tropas en la fortaleza y no puede prescindir de ninguno de su hombres, pero si nadie hacía algo pronto para intentar detenerlos aún en el supuesto de que la horda abandonase el saqueo del poblado sus habitantes se verían en serio peligro si destruyesen el molino y el granero, ya que se quedarían sin reservas con las que hacer frente el próximo invierno.

Por supuesto los héroes se muestran dispuestos a ayudar y el fornido enano, agradecido y complacido por ello, les indica una ruta que les puede ser de ayuda para llegar hasta la zona amenazada evitando tener que atravesar el pueblo mientras está siendo saqueado. Dado que los asaltantes están desperdigados por todo el pueblo, pueden utilizar una ruta subterránea de escape que conduce desde la fortaleza hasta las proximidades del río, en las cercanías del granero y del molino. De este modo evitarían tener encuentros que pudieran retrasarlos y llegar con rapidez al molino.

Los personajes recogen sus armas y, pertrechados con antorchas, son guiados por el castellano hasta la entrada a la ruta subterránea, que se encuentra bloqueada con una recia reja metálica. Tras un largo forcejeo, debido a la falta de uso de la cerradura durante muchos años, Escobert les franquea el paso hacia el pasadizo, advirtiéndoles que cerca de la salida se encontrarán otra puerta enrejada de similares características, sólo que posiblemente la cerradura de aquélla se encuentre todavía en peor estado que la de la fortaleza debido a la humedad, al estar situada en las proximidades del río, pero en cualquier caso confía en la pericia de los personajes para llegar a tiempo a salvar el molino.

Una vez dentro del pasadizo los personajes intentan apurar al máximo la marcha, pero el estado del pasadizo, en desuso durante décadas, oscuro, tan angosto que no les permite avanzar más que en fila india, con el suelo con una gran cantidad de piedras, escombro, zonas resbaladizas y… ratas, los retrasa en su carrera. De hecho un par de encuentros con esas alimañas se saldan con el resultado de feas heridas a varios de los personajes. Parece mentira pero no resulta nada fácil enfrentarse a esos molestos bichos en un espacio tan pequeño, en el que resulta tan difícil evitar tropezar con el techo, las paredes y tus propios compañeros mientras se lucha en la semioscuridad. En cualquier caso, nuestros héroes consiguen finalmente llegar al final del pasadizo y salir por la puerta próxima al río.

Ya ha comenzado a caer la noche cuando salen y cierran de nuevo la reja que da acceso al pasadizo comprobando antes que no ha sido advertida su presencia por los asaltantes. Con el ruido de fondo de los gritos de los bandidos mientras celebran sus fechorías y de los edificios incendiados, los héroes recorren a paso apresurado en 01ea45c38675646652675493ad038ef2la ribera norte del río hacia el oeste, hasta llegar a la altura en que se encuentra el molino. Desde la orilla norte son capaces de ver en las inmediaciones del mismo a varios kobolds portando antorchas, moviéndose por los alrededores del edificio de una forma que hace sospechar algo a los personajes. El edificio todavía se encuentra intacto, no le han prendido fuego al molino ni parece que tengan intención de hacerlo de forma inmediata a pesar de las antorchas y de la gran cantidad de material inflamable que se encuentra en las inmediaciones que lo haría tan fácil… En cualquier caso ellos han ido allí a proteger la estructura, vital para la supervivencia de los habitantes de Greenest, por lo que se organizan para tratar de sorprender a los kobolds que han localizado en el exterior y, entre todos, consiguen abatirlos.

Sospechando de las reales intenciones de los monstruos invasores varios de los personajes entran en el molino a investigar pero no ven nada extraño en el piso inferior. Pero cuando Vindrax comienza a subir al piso superior recibe un repentino ataque con una lanza, que consigue repeler gracias a un hechizo de Escudo que bloquea el arma arrojadiza en el último momento. Al parecer trataban de prepararles una emboscada, pero ¡para derrotar a los nuevos héroes de Greenest hace falta algo más que un puñado de kobolds, mercenarios y cultistas! Tras una dura lucha Ivellios Valclunir con su arco, el monje guerrero Velden Commonwhirl con su destreza y Hellnir el bárbaro, ayudados por sus compañeros, consiguen abatir a los pérfidos atacantes.

Neutralizada la amenaza del granero y del molino, advirtiendo que no hay más agresores en las inmediaciones, vuelven rápidamente al castillo utilizando de nuevo el mismo pasadizo por el que salieron, pero esta vez sin inconvenientes que los retrasen en su marcha.

A su regreso, en cuanto encuentran al castellano comienzan a informarle de lo sucedido en el molino, pero éste les interrumpe para informarles que acaba de recibir noticias que los atacantes han rodeado el templo en el que se habían refugiado un número considerable de habitantes del pueblo. El recio enano se muestra enfadado y seriamente contrariado al no poder disponer de guerreros suficientes para la defensa del pueblo y del castillo, por lo que les suplica nuevamente a los personajes que les ayuden y actúen rápido, se lo suplica por las vidas de cuántos se encuentran encerrados en el templo. Aún sin haber dispuesto de tiempo para recobrar el aliento, los personajes salen nuevamente prestos hacia el templo, situado al sureste de la fortaleza, utilizando de nuevo el oscuro pasadizo subterráneo para evitar encuentros por las calles del pueblo.

Una vez cerca del templo, permaneciendo ocultos tras la vegetación existente en torno al templo de piedra, divisan un grupo de kobolds, acompañados por dos bestias dracónicas (como las que se encontraron en las calles de Greenest a su llegada) y liderados por cultista, que están tratando de derribar la puerta principal del templo con un enorme madero utilizado como ariete, mientras que otro grupo de kobolds acompañados también por otro draco se dedican a patrullar las inmediaciones del templo. Aprovechando un momento en el que no es detectado por los atacantes, el hábil Mölnar Vöros se encarama a una de las altas y estrechas ventanas para tratar de observar el interior del templo y dentro distingue a un grupo considerable de personas aterradas que, abrazadas entre sí, tratan de darse ánimos y consolarse. Aún así muchos no consiguen reprimir un grito cada vez que la puerta recibe un fuerte golpe de los infames kobolds, amenazando ésta con caerse de cada nuevo golpe que recibe, pues es posible ver como con cada nuevo envite del ariete cómo por un instante se cuela una rendija de la luz de las antorchas de los kobolds situados en el frente del templo. Para su desgracia la puerta no tiene pinta de que vaya aguantar muchos más golpes.

Rápidamente se organizan nuevamente los personajes para tratar de emboscar en la parte trasera del templo a los kobolds que están patrullando con el draco alrededor del efificio y efectivamente consiguen sorprenderlos en el primer asalto, pero se encuentran con una fuerte resistencia por parte de las viles criaturas. Al parecer uno de ellos, el que parece actuar como líder de la patrulla (un kobold especialmente feo y repugnante [¡el Ugly Kobold!]), consigue herir a varios de los héroes. Pero finalmente todos los miembros de la patrulla, incluido el draco, son vencidos. El último en caer fue el desagradable líder, gracias a una patada voladora del monje Velden Commonwhirl, un golpe en el que concentró toda su furia interior e hizo volar a la inmunda criatura por encima de los cuerpos sin vida del resto de los kobolds vencidos, hasta estrellarse contra el muro del templo.

Ahora únicamente quedaban los asaltantes de la puerta contra los cuales cargaron los personajes con rabia y furia. Afortunadamente todavía no habían conseguido derribar la puerta de acceso al templo, los goznes todavía resistían y al parecer se había montado una barricada de refuerzo de la puerta por parte de quienes se encontraban en el interior del santuario. Entre los espumarajos y salvajes golpes del hacha de Helnirr, las flechas de Ivelios Valclunir, los golpes de Velden Commonwhirl, los mágicos ataques de Vindrax Vex, las puñaladas de Molnar Vörös y hachazos del clérigo enano Ulgrar, acabaron con las vidas de las criaturas que pretendían profanar el santuario asesinando a los que allí habían buscado refugio.

Agotados después de tantos enfrentamientos los héroes ayudaron a salir de la capilla a los habitantes de Greenest que allí se habían refugiado y los escoltaron hasta que quedaron a salvo en la fortaleza.

Una vez seguros tras los muros, algunos de nuestros héroes tratan de descansar para recuperar fuerzas, mientras pueden observar desde las almenas del castillo, con impotencia, cómo el dragón azul en la distancia destroza hogares desde el aire sin oposición alguna. Y más cerca ven cómo grupos dispersos de esas deleznables criaturas que conforman el ejército del culto del dragón saquean, queman y destrozan lo que hace tan sólo unas horas era un próspero y apacible pueblo. De vez en cuando llegan nuevos refugiados a cobijarse tras las murallas y hasta los oídos de los personajes no dejan de llegar los gritos y lamentos de los que han perdido sus hogares y, en algún caso, sus familiares en el ataque, muertos o hechos prisioneros por los kobolds.

Después de unas horas parece que se calma el ruido provocado por los atacantes y una potente y bestial voz se escucha tronar fuera de las puertas de la fortaleza. Desde los muros divisan, iluminado por antorchas que portan algunos kobolds, a un guerrero dracónido de casi tres metros de altura, azul, ataviado con una armadura púrpura y dorada, armado con una lanza y una espada y rodeado por un nutrido grupo de kobolds sostiene una cuerda a la que están amarrados varios niños y una mujer, sucios, heridos, sollozantes y aterrados:

118horde– ¡Pueblo de Greenest! ¡Hoy ha sido un gran día para el Culto del Dragón! En Greenest hemos recaudado una gran cantidad de bienes y tesoros para nuestra gran Reina, por eso ¡yo, Langdedrosa Cyanwrath, hoy me siento magnánimo!, y aquí os traigo estos inútiles prisioneros con un ofrecimiento que haceros: los dejaré libres si alguno de vosotros demuestra tener la suficiente valentía como para enfrentarse a mi en un combate singular. Sólo uno de vosotros ha de salir para luchar conmigo. En caso de que nadie salga de la fortaleza acabaremos con sus malogradas y tristes vidas…, y del mismo modo actuarán mis soldados si sale más de uno o preparáis alguna treta. Considerad este ofrecimiento como una oportunidad única, ¡no lo desperdiciéis si en algo valoráis sus vidas!, ¡están en vuestras manos!

Uno de los soldados de la fortaleza, el sargento Whelden, de repente reacciona: los prisioneros ¡son su hermana y sus sobrinos! Todavía herido pero desesperado y fuera de sí ante la terrible visión de la vida de sus familiares en las garras de esas bestias, se echa a correr con la intención de salir de la fortaleza cuando es detenido por los personajes, considerando éstos que no puede salir en esas condiciones. Tras un tenso y rápido debate entre ellos finalmente sale por las puertas de la fortaleza el dracónido Vindrax Vex. Con la finalidad de demostrar a los habitantes de Greenest que no todos los de su raza son iguales, él luchará por las vidas de los rehenes.

Riendo complacido y sorprendido al ver a otro de su raza que asume la responsabilidad del reto, ofrece a Vindrax un puesto en su hueste, ofrecimiento que es despreciado por el dorado dracónido. Con una maléfica sonrisa el enorme general dracónido, da la orden para que sus secuaces liberen a los rehenes…, a todos menos a uno. Contrariado con una mueca el mago Vindrax le recrimina que ha incumplido su palabra: Él había salido de la fortaleza para luchar, por lo que debía liberar a todos los rehenes tal como había prometido. Pero el lugarteniente de la horda reitera su orden a los kobolds que lo siguen: la mujer será liberada una vez que el combate singular haya terminado.

La lucha no tarda en resolverse. El cansancio se hace evidente en Vindrax Vex, que a penas puede levantar sus brazos para invocar un rayo de fuego que es esquivado por Langedrosa Cyanwrath, mientras que éste, con una descarga eléctrica que hace surgir de su boca con un fiero rugido, logra abatir al mago dracónido, el cual, a pesar de esquivarla en su mayor parte, es derribado sufriendo serias heridas. Desde el suelo intenta derribar e inmovilizar al lugarteniente dracónido pero éste lo esquiva una y otra vez hasta que con un par de tajos con su lanza derriba al dorado mago dracónido, que cae inconsciente en un charco de sangre.

En ese momento las tropas invasoras irrumpen con un grito vitoreando a su líder mientras éste, henchido de orgullo, alza sus poderosos brazos, sonríe a los suyos mostrando sus colmillos, ordena a sus tropas que se retiren y que liberen a la mujer que tenían retenida. Los compañeros de Vindrax salen corriendo de la fortaleza para comprobar el estado de su camarada caído. Sus heridas son graves pero consiguen estabilizarlo y llevarlo al interior de la fortaleza. Allí es cuidadosamente atendido tanto por sus compañeros como por clérigos de Greenest, acelerando su recuperación.

Transcurridas unas horas las tropas invasoras se han retirado del pueblo, llevando consigo todo cuanto de valor se han podido encontrar en el pueblo habiendo destrozado todo a su paso. Los personajes se reúnen con el Gobernador Nighthill y Escobert para compartir la información que han podido recabar tanto de los invasores que habían apresado con vida como de los refugiados. En base a dicha información al parecer el campamento de la horda se encontraba hacia el sudeste y, a juicio de Escobert el Rojo, resultaría vital conocer la magnitud real de la amenaza a fin de valorar a quién pedir ayuda para hacer frente a la amenaza que pueda suponer. Se ha comprobado la facilidad que ha tenido la horda de saqueadores para arrasar Greenest, pero desconocen si las tropas que componen dicha horda son únicamente las que hicieron aquí acto de presencia o si era una mera avanzadilla de algo peor. Desde luego la composición del ejército invasor formado por kobolds, mercenarios humanos, dracónidos y… un dragón azul, hacen presagiar el peor de los escenarios.

A la vista de la situación, los personajes deciden salir todos ellos para tratar de averiguar la localización del campamento enemigo y recabar cuanta información sea posible respecto de la composición de ese ejército, sus líderes y sus objetivos. Poco antes de partir, unos momentos antes del amanecer, se les aproxima un joven clérigo con una fea herida en una pierna. Les cuenta que su nombre es Nesim Walandra y que fue sorprendido por los asaltantes cuando viajaba hacia Greenest junto con su maestro Leosim Erlanthar. Él ha conseguido llegar a la fortaleza pero se teme que su maestro haya sido hecho prisionero por la horda, es por ello que le gustaría acompañarles aunque entiende que, en su estado, su compañía supondría más un estorbo que una ayuda. Por dicho motivo les pide a los personajes que, si les es posible, traten de obtener alguna información respecto del posible paradero de su maestro.

De este modo marchan los personajes siguiendo el rastro dejado a su paso el ejército de saqueadores que han devastado Greenest, un pueblo que hasta hace menos de un día era considerado un importante enclave de comercio en el interior de la Costa de la Espada, ahora se ha convertido en un pueblo devastado por una terrible horda dirigida por el misterioso Culto del Dragón ¿será el único?

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