Birthright (3). El Consejo de Alaroine.

Hoy el Cronista retoma las Crónicas de Alamie con esta tercera entrada relativa a la campaña de Birthright que estamos jugando, dirigida magistralmente por Luigi. La verdad es que cuanto más conozco de esta ambientación más me gusta y lo mejor es la sensación de que todavía me queda mucho que descubrir respecto de la historia y trasfondo de este escenario de campaña a través de los acontecimientos que están viviendo los personajes.

Habíamos dejado a los personajes en Alamie, atendiendo sus propios asuntos particulares, pero no sin antes concertar una alianza entre ellos para financiar y organizar una escolta (en la que participaban algunos de los lugartenientes más competentes de los personajes) que saldría cuanto antes para encontrar y proteger en su viaje de regreso a la Princesa Leinam Alam, que había pasado gran parte de su vida, por expreso deseo de su fallecido padre, el Duque Karilom Alam, en la lejana Ciudad de Anuire, la antigua capital imperial (actualmente una especie de ciudad estado situada al sur de Avanil) formándose como regente y estudiando en la prestigiosa Escuela de Artes Arcanas.

Gracias a la intervención de los lugartenientes de los héroes, la Princesa consigue regresar sana y salva a Alamie y, con su llegada, todos dan por segura su presencia en el Consejo de nobles que se celebrará en Alaroine dentro de un mes ya que cualquier intento de asesinato contra la Princesa sería extremadamente arriesgado al estar ahora directamente bajo la custodia de la Guardia Real en la capital de Alamie. Además la mera presencia en el reino de la hija del fallecido Duque parecía haber provocado un efecto balsámico en el pueblo. Antes se respiraba cierta intranquilidad y preocupación entre las gentes por la posibilidad de una guerra civil por la corona y también por el miedo a que el reino vecino de Tuornen aprovechase el momento de inestabilidad y desgobierno para amenazar la seguridad de Alamie. Ahora muchos respiraban aliviados, parecía que el peligro de una guerra civil por la corona se había alejado definitivamente.

Sin embargo el peligro de una guerra civil no había sido totalmente conjurado. Una vez conocido el regreso de la princesa, aunque la posición de Moerlan Alam (el hermano del fallecido Duque que se había postulado como sucesor al trono por delante de su sobrina), se había visto seriamente debilitada, sus partidarios seguían siendo mayoría en el Consejo y defendían los intereses de Moerlan a la corona ducal tanto por su valía militar, tantas veces demostrada en la pasada guerra contra Tuornen, como por la condición de mujer de la Princesa. Además el hecho de que ésta hubiese pasado gran parte de su vida lejos de Alamie les servía para abonar la sospecha respecto de las posibles influencias de reinos extranjeros en las decisiones que pudiese adoptar Lady Leinam Alam una vez fuese coronada, en este sentido no dejaban de recordar que su escolta hasta la frontera con Alamie había estado formada por tropas del reino de Avanil que, aunque no se trataba de una potencia enemiga, no tenía por qué compartir los mismos intereses que los nobles y notables de Alamie. Por si eso fuese poco, los partidarios del Moerlan Alam también representaban a algunas de las casas de Alamie militarmente más poderosas.

La postura de los personajes es contraria a la de Moerlan, algo que quedó meridianamente claro tras un primer encuentro producido hace unos días en la capital entre Tanenn, el Señor del Norte, y Moerlan, en el que el primero recriminó al hermano del difunto su actitud altanera al actuar como si ya fuese, de facto, el sucesor de su hermano cuando dicha circunstancia todavía estaba por ver. Para asegurar en la medida de lo posible el éxito de sus pretensiones y tratar de evitar que Moerlan Alam se haga con las riendas de Alamie (lo que, entre otras consecuencias, conllevaría el inicio de otra guerra contra Tuornen), los personajes han de intentar maniobrar con cautela respecto de las casas que estarán presentes en el Consejo para conocer sus intenciones y, en su caso, tratar de atraerlas a su bando al menor coste posible. La cuestión es que no disponen de mucho tiempo para ello, dado que con anterioridad al Consejo de Alaroine también han atender cuestiones que amenazan tanto a sus propios dominios como al propio territorio de Alamie y sus habitantes.

Por supuesto no todas las maniobras políticas de las distintas casas nobles de Alamie son de dominio público, pero a oídos de este humilde cronista llegaron ecos de ciertos movimientos de algunas de las casas más importantes que en estos momentos pueden ser revelados.

Respecto de la casa Tanennbren, Guardián del Norte, circulan rumores –no muy fiables, también hay que decirlo- de que Lord Tanenn asistió a una misteriosa reunión con representantes de Laela, la duquesa gobernante de Tuornen, en la ribera opuesta de Deseirain. El contenido de dicha reunión es un misterio. Además de dicho encuentro furtivo otras lenguas hablan que el Lord Guardián del Norte de Alamie, una vez de vuelta en sus tierras se trasladó a Sufhaine con una pequeña comitiva (hay quién afirma haber visto en ella al propio Mago de Corte, Lord Gwydion Vyrwell) y allí mantuvo una discreta entrevista a petición del misterioso Brujo de los Cinco Picos. El poderoso hechicero de las tierras salvajes al norte de

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El misterioso heraldo del Brujo de los Cinco Picos

Alamie había demostrado a los alamitas en no pocas ocasiones su carácter “poco amistoso”, pero en esta ocasión al parecer sus intenciones no eran hostiles, el propósito de la convocatoria a su vecino del sur era trasladarse una advertencia al noble guerrero alamita respecto de la inminente llegada de una seria amenaza desde el norte que había empezado a asolar sus propias tierras salvajes y que, al parecer, puede también suponer un gran peligro para Alamie: el Gorgon… El heraldo del Brujo propone a Tanenn una alianza para hacer frente juntos a dicho peligro. Como muestra de respeto y para ratificar la honestidad de su propuesta Tanenn recibe como obsequio un antiguo pergamino además de una cadena con un colgante dorado representando la efigie de un león rugiente, una antigua joya que, según algunos afirman, el propio Lord Gwydion Virwell manifestó que estaba imbuida de un misterioso poder arcano.

En cuanto al Mago de la Corte, Lord Gwydion Vyrwell, antes de partir de la capital tras la llegada de la princesa, se encerró en sus dependencias de la fortaleza ducal de Lofton con su aprendiz para realizar un ritual que le permitiría vincular y utilizar las fuentes mágicas de los territorios entre Soreliest, Hildon y Deseirain. Además, con carácter previo a la celebración del Consejo de Alaroine debe atender un perentorio asunto que afecta a las corrientes de poder que transcurren por el territorio de Alamie. Ha de dirigirse a un lago situado en la provincia de Alaroine para realizar un ritual de vital importancia, el Ritual de Boithor, una ceremonia que se ha de llevar a cabo necesariamente cada cierto tiempo para que las energías mágicas que recorren Alamie permanezcan bajo control. Son muchos los testigos que pudieron presenciar la comitiva formada por el Conde de Maesford con sus sirvientes y su aprendiz en su ruta hacia el lago, llevando en carromatos una enorme cantidad de extraños y costosos instrumentos, todos ellos necesarios para llevar a cabo dicho Ritual. Esta era la primera ocasión en la que Lord Gwidion se tendría que hacer cargo de la responsabilidad de llevar a cabo la liturgia tras el fallecimiento de su maestro Lord Mustell.

Según el relato de un testigo furtivo de la ceremonia, una vez llegado al lugar propicio Lord Vyrwell ordenó a sus asistentes que introdujesen en el lago los carros cargados de valiosas ofrendas y, mientras éstos lo hacían, comenzó a recitar las palabras del ritual. Al poco de iniciar la ceremonia el agua del lago comenzó a bullir cada vez con más fuerza y violencia, oscureciéndose el cielo mientras las nubes formaban un oscuro remolino en lo alto. Justo al terminar de recitar las últimas palabras rituales una figura gigantesca surge de las profundidades del lago, con el

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La colosal figura de Boithor

aspecto de un colosal guerrero de fuego protegido con una negra armadura. La presencia del gigante provocó el pánico entre los pajes y sirvientes del Conde de Maesford y muchos huyeron buscando refugio alejados de la escena. El coloso se aproximó a la orilla del lago, donde se encontraba el mago y, con una potente y atronadora voz, le manifiesta que la ofrenda ha sido la adecuada por lo que da por cumplido el Antiguo Pacto y las corrientes de poder permanecerán bajo control para seguridad de Alamie. Sin embargo también le advierte al mago la inminente llegada de una gran amenaza para el reino, procedente del norte, que provocará grandes desgracias si no es atajada enérgicamente, para lo cual conmina al mago para que haga todo lo necesario para hacer frente a la misma. Para facilitarle su labor le hace entrega de un misterioso anillo de obsidiana, negro como la noche más oscura, y de un pergamino que contiene conocimientos arcanos perdidos que sin duda le serán útiles para los enfrentamientos que han de venir.

En cuanto al clérigo de la Casa de la Fortuna, el halfling Maese Sylvan Fortune, antes de asistir al Consejo de Alaroine intenta afianzar la influencia de su culto en la capital realizando maniobras para ello, pero se encuentra con la férrea oposición por parte de la iglesia de Haelin, produciéndose durante varios días una enconada lucha entre los adeptos de una y otra religión, pugna que finalmente se resuelve a favor de los haelitas, por lo que la Casa de la Fortuna se quedó sin la posibilidad de establecer santuario alguno en Deseira, al menos por el momento…

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Emblema de Haelyn

Por parte de Lord Aldwin Saherg, el Santo Custodio de la Fe de Haelyn, antes de la celebración del Consejo mantuvo una buena cantidad de reuniones con muchos de los sacerdotes de Haelyn, la religión mayoritaria de Alamie, para tratar de convencerlos para que, a través de sus sermones y en cualquier ocasión que se dirijan al pueblo y a sus seguidores, traten de socavar el apoyo popular del que todavía goza Moerlan Alam. A pesar de su perseverancia y de incontables reuniones con diferentes clérigos de la Orden para tratar de convencerlos de que lo mejor para el Reino y la salvación de las almas de sus habitantes es que Lord Moerlam Alam no ocupe la silla ducal, sus gestiones obtienen escaso éxito. Asimismo también hay rumores de que el Lord Paladín de Haelyn también ha sido visto en la orilla oeste del río Tuor, en la vecina ciudad de Haes (capital de Tuornen), en compañía de Robert Nicklaer, Alto Prelado de la Iglesia Imperial del Oeste de Haelyn, cabeza y guía supremo de los sacerdotes del Dios de la Ley y la Justicia, para tratar el asunto relativo a la investidura de quién resulte finalmente coronado Duque de Alamie. En un principio todo apunta a que dicha ceremonia debería ser conducida por un sacerdote de la deidad mayoritariamente venerada por las gentes de Cerilia (y de Alamie en particular), pero la incertidumbre existente sobre quién ceñirá la corona y la escasez de clérigos con suficiente rango, conocimiento y experiencia para llevar a cabo los ritos de investidura al parecer preocupan al Sumo Pontífice de Haelyn, lo cual traslada a Lord Aldwin encomendándole la tarea de cuidar de que la posición de la Iglesia de Haelyn en Alamie no se vea perjudicada por los acontecimientos que han de venir como resultado de lo que se decida en el Consejo de Alaroine.

En lo relativo a Maese Adelbert, no son pocos los que afirman que hay una cuestión que le preocupa enormemente desde hace unos meses, hasta el punto de haber cambiado su carácter. Al parecer un grupo de piratas han estado saqueando almacenes situados a lo largo de las riberas del Stonebyrn (el río que hace las veces de frontera oriental de Alamie con el vecino reino de Mhoried), abordado barcos de mercancías que circulan por el río. Que de vez en cuando se produzcan incidentes de este tipo no resulta extraño pero las circunstancias de que durante los últimos meses se hayan hecho muchísimo más frecuentes y sean cada vez más violentos ha provocado importantes pérdidas así como que muchos de los comerciantes se sientan seriamente preocupados, inseguros y desprotegidos. Según algunos testigos estos últimos y violentos ataques no fueron provocados por simples bandoleros si no que los “piratas” parecían estar muy bien organizados y los supervivientes de los ataques referían que los asaltantes estaban muy bien pertrechados, con armas y armaduras de buena calidad. Con la finalidad de atajar de raíz el problema, dado que las peticiones de protección por parte de muchos de los comerciantes del este de Alamie ya se empezaban a acumular y comenzaba a cundir el descontento entre ellos, para afianzar su posición dominante entre los gremios de mercaderes Adelbert decide hacer uso de su influencia y contactos para concertar una entrevista con una criminal bien conocida entre los ambientes más canallas, no sólo de Alamie, si no también de parte de los reinos circundantes (al fin y al cabo el crimen no tiene fronteras). Según cuentan algunas lenguas, al parecer esa criminal aceptó trabajar para Maese Adelbert y llevar a cabo “gestiones” para obtener información a cerca de la identidad del líder de los misteriosos asaltantes, todo ello a cambio del compromiso por parte de Adelbert de formalizar provechosa relación “comercial” entre ambos.

Habiendo atendido sus asuntos particulares y realizado las maniobras políticas oportunas, tiene lugar el Consejo de Nobles en Alaroine. Allí se encuentran presentes todos los notables del Reino de Alamie, representantes de los regentes de todas las casas así como de todas las familias influyentes económicamente y religiones con un número significativo de seguidores en las distintas provincias de Alamie. Estos son algunos de los presentes en el cónclave que decidiría respecto del destino de la corona ducal:

  • De Hildon están presentes tanto el Barón Loeran Maelholm como su mujer, la Baronesa Rowenna Maelholm (es ella la que ostenta la regencia de la provincia).
  • De Laraeth, está presente el Conde Richard Laraeth, un noble de una casa con linaje, de un territorio en el que está situado un enorme pantano navegable con importante actividad comercial, en el que se encuentran las viejas ruinas de Bastión de Taerghan, un enclave en el que antiguamente se gestionaban los peajes a los comerciantes y respecto del que los viejos del lugar cuentan a los más jóvenes historias sobre monstruos y terribles criaturas que habitan las ruinas del bastión.
  • De Maesford, están presentes tanto el Conde Lord Gwydion como su tía, la Condesa Ruimiel Vyrwell, ambos con linaje antiguo y reconocido entre las demás casas del reino.
  • De Nortmoor, una provincia que mantiene muy buena relación con el territorio vecino de Mhoried, está Lord Osmund Gummersmith.
  • De Soreliest y Soutmoor está fuertemente representada la casa Tanenbrenn a través de Lord Tanenn, su hermana, la conocida bardo Tania Tannenbren, y varios de sus caballeros abanderados.
  • La casa de Traiward está representada por Lord Hayway Traiward, un poderoso noble que cuenta con un considerable ejército, en el que destacan la los temibles piqueros de Traiward y los certeros arqueros.
  • Deseirain está representada por Moergan Deseirain, Señor de La Espina Roja, Senescal de Alamie y un viejo conocido de los personajes, fiel partidario de Moerlan Alam.
  • De Alaroine, está presente Maese Alaroine, un hombre de una edad considerable, con linaje, muy buenas relaciones con la Iglesia de la Casa de la Fortuna, admirado y temido por muchos debido a sus habilidades políticas y diplomáticas (quizá el hecho de que el Consejo se celebre precisamente en Alaroine no sea una mera casualidad…), y que tiene grandes esperanzas puestas en su hijo: Robert Alaroine.

En cuanto al poder religioso, están presentes los representantes de las dos religiones predominantes de Alamie, Lord Adlwin Saherg, el paladín Santo Custodio de la Fe de Haelin, y Maese Sylvan Fortune, clérigo y Alto Maestre de la Iglesia de la Casa de la Fortuna, ambos con significativa influencia sobre muchos de los nobles de Alamie.

También se cuenta en la asamblea con representantes del poderoso Banco del Norte, controlado por potentadas familias de mercaderes de las tierras centrales entre las que destacan las de Maese Melai Videon y Maese Gurien Giriele.

Y por supuesto también se encuentran presentes Lady Elaeth Laraeth, la viuda de Karilom Alam, la Princesa Leinam Alam y, a cierta distancia de éstas, Lord Moerlan Alam acompañado de su hijo Sir Doenier Alam.

Tras el cierre de las puertas y la declaración de apertura de las sesiones del consejo por parte de Obofert el Chambelán, se suceden las distintas intervenciones por parte de los representantes de las principales casas, haciéndose patente la división de opiniones sobre qué es lo más conveniente para Alamie. La intervención de Lord Moerlan Alam, postulándose como legítimo sucesor de su hermano en el trono es aclamada por una considerable mayoría de los presentes en el consejo.

Ante eso Lord Tanenn Tanenbrenn expone su propuesta para coronar a la Princesa Leinam Alam como sucesora de su padre: por un lado la Princesa ha seguido las instrucciones de su padre y ha estado fuera del reino no por decisión propia si no precisamente para formarse como futura regente de Alamie. La circunstancia de que no se hubiese hallado constancia escrita de las últimas voluntades de su padre no puede servir de excusa para obviar que su voluntad había sido que su sucesora fuese ella. Entendía las reticencias de algunas de las casas por la mera circunstancia de que la Princesa todavía era soltera y había vivido durante un tiempo considerable en tierras lejanas y que ello podía motivar el miedo a que por su supuesta falta de liderazgo o falta de influencia entre las propias casas de Alamie pueda llevar a otras potencias rivales (en clara alusión a Tuornen) a considerarla una líder débil, o el temor a que pudiese estar influenciada por reinos rivales en perjuicio de las casas Alamitas, pero él tenía la solución a dicho problema respetando la voluntad del difunto Karilom Alam: que la Princesa fuese coronada reina habiendo tomado como esposo a uno de los representantes de las casas preeminentes de Alamie. Tras el revuelo inicial provocado por dicha propuesta, calificada como inadmisible por los partidarios del tío de la Princesa y como una genialidad por parte de otros nobles y casas influyentes, Lord Tanenn termina su exposición proponiéndose a sí mismo como cónyuge de la Princesa.

Esa proposición provoca las iras de Lord Moerlan Alam que, alterado y visiblemente furioso lanza un dardo envenenado respecto del Guardián del Norte, acusándolo de traición por haber mantenido una reunión en secreto con Lady Laela, la Duquesa de Tuornen, conspirando contra la seguridad del reino. Al parecer Lord Moerlan Alam contaba con testigos de la reunión. Dicha revelación sublevó a la mayoría de los nobles presentes…, ¡una reunión secreta con la regente del odiado reino de Tuornen era inadmisible! Al ver los efectos de su declaración Lord Moerlan se sentó satisfecho observando con una fría mirada de odio a Lord Tanenn desde el otro lado de la enorme mesa.

Una vez que se hubo calmado el ambiente el Lord guerrero de Soreliest rechazó las acusaciones de traición, acusando a su vez a Lord Moerlan de conspiración para asesinar a la Princesa en su camino de regreso hacia Alamie, por haber contratado una banda de mercenarios y que, de no haber sido por su intervención y la de otras casas, hubiese acabado con la vida de la hija y única heredera del Duque Karilom Alam…, el cual, por cierto…, curiosamente también falleció en misteriosas circunstancias.

Las intervenciones de los distintos representantes se sucedieron durante horas cargadas de tensión y conversaciones privadas, hasta que finalmente, tras el cambio de posición del noble anfitrión, Maese Alaroine (que sorprendentemente para algunos retira su apoyo a las pretensiones de Lord Moerlan), triunfa la opción de que el trono sea ocupado por la Princesa previo matrimonio de esta con Tanenn Tanennbren, Defensor del Norte y Señor de las Tierras de Soreliest y Soutmoor. Esta decisión finalmente es aclamada por la inmensa mayoría de las casas (la posición final de casas importantes y con reconocido linaje como la de Alaroine y la familia Vyrwell, arrastró también el cambio de postura de muchas de las casas menores que inicialmente apoyaban a Lord Moerlan Alam), lo que provoca las iras de Lord Moerlan y de sus más acérrimos seguidores, abandonando éstos la reunión desairados y visiblemente enfadados.

En el momento en que estaban celebrando la decisión y se los pactos alcanzados, un mensajero visiblemente agotado irrumpía en la sala y se dirigía hacia Obofert para entregarle un mensaje. Al leerlo palideció el rostro del Chambelán y pidió silencio a los ocupantes del salón. Una vez las voces callaron y se calmó la euforia de los regentes de Alamie por haber despejado las brumas a cerca de la sucesión del ducado, Obofert transmitió a los presentes la terrible noticia: Una horda formada por una multitud de tribus bárbaras procedentes del norte había invadido el territorio de Alamie arrasando gran parte de la provincia de Soreliest.

La noticia cae como un jarro de agua fría entre los presentes que, tras la sorpresa inicial, son convocados por Lord Tanenn, terriblemente preocupado por la situación de sus provincias, para reunirse al día siguiente y decidir cómo hacer frente a la amenaza.

Antes de la reunión el mago Lord Gwydion decide ausentarse para hacer uso de sus poderes y averiguar cuál es la situación actual en la provincia del norte que está siendo asolada. Tras las oportunas ceremonias el mago de corte puede ver como el castillo de Soreliest de El Pico del Cuervo, una fortaleza situada al norte de la provincia, está siendo asediado mientras grupos de tribus bárbaras está saqueando la provincia sin oposición alguna. El mago puede distinguir dos figuras que parecen ser los comandantes del ejército invasor: un enorme ogro de casi tres metros de alto y poderosos brazos, y lo que parece ser un hombre asalvajado a lomos de un enorme caballo negro.

El resto de nobles no pierde el tiempo y remiten mensajes a sus territorios para convocar y reclutar fuerzas con las que hacer frente a la amenaza. En particular:

  • Tannen Tannenbren, el Señor del Norte, manda mensajeros a todas las casas de Soreliest y Sourtmoor convocando a todos los hombres capaces de sostener lanza y escudo, logrando concentrar cuatro unidades de irregulares en la provincia de Hildon (además de las unidades de ballesteros y piqueros directamente bajo el mando de Lord Tannenbren);
  • Gracias a las gestiones conjuntas de Maese Sylvan Fortune y Adelbert, se consigue reunir una potente unidad de caballeros formada por gran parte de los nobles reunidos en Alaroine.
  • El Paladín de Haelyn, Lord Aldwin Saherg, da orden de que se trasladen urgentemente desde Deseirain a Hildon dos unidades de fervientes devotos de Haelyn (que aunque carentes de una instrucción militar estricta demuestran poseer una férrea voluntad de impartir justicia y defender a las buenas gentes de Alamie frente a la amenaza proveniente del norte), los cuales, en su marcha hacia el norte, consiguen duplicar su número reclutando nuevos miembros llegando a Hildon cuatro unidades de fanáticos seguidores de Haelyn.

Una vez realizadas las gestiones más urgentes los distintos nobles abandonan en cuanto pueden Alaroine para hacer frente a la amenaza que viene del norte, encabezando la marcha un preocupado Lord Tannen Tannenbren, acompañado por Lord Gwydion Vyrwell. Cuando el ejército de Alamie ya se encontraba en las cercanías de la frontera de Soreliest, informan a los héroes de la existencia de una bruja en un bosque cercano que podría ayudar de algún modo con sus augurios. Conocedores del carácter supersticioso de muchos de los soldados, aprovechando un descanso en la marcha, Lord Tannen accede a visitar a la bruja acompañado del Mago de la Corte Lord Gwydion, que no oculta su desprecio respecto de las supercherías que condicionan el carácter de los soldados.

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Los héroes son guiados por algunos de los solados que conocen la localización del refugio de la bruja, llevando consigo a modo de ofrenda a la hechicera un ternero. En lo más oscuro del bosque se encuentran con la cueva de la bruja Nernadel. Una vez dentro de la cueva (los soldados deciden esperar a una prudente distancia del refugio de la hechicera), los personajes son reconocidos por Nernadel y les agradece la ofrenda, que califica como sumamente generosa teniendo en cuenta los tiempos que están por venir y el hambre y la miseria que amenazan al reino que está siendo IMG_20170925_213955_processedinvadido. Nernadel informa a los personajes que quién comanda las tropas invasoras está acompañado por un Dragón Negro, pero en ese momento interrumpe su discurso mostrándose sorprendida a la vista del anillo de obsidiana que luce Lord Gwydion (el que le fue entregado por Boithor tras el ritual), mostrándose muy interesada en él y preguntándole al mago qué podría ofrecerle a cambio de la joya. Extrañado el mago rechaza el ofrecimiento de la bruja, pero manifestándole que estaría sumamente agradecido si ella compartiese sus conocimientos a cerca de las propiedades de ese oscuro anillo. Resignada, la hechicera del bosque les cuenta que dicha joya es un instrumento de gran poder que permite a su portador “viajar por el Sendero Oscuro grandes distancias, ese mismo Sendero que sobrevuela el Dragón Negro que marcha al frente de la horda de tribus bárbaras del norte”.

Una vez retomado el hilo de la conversación a cerca del motivo por el cual decidieron acercarse a hacer una visita a la vieja Nernadel, ésta les cuenta que  prevé que la suerte en la batalla que está por venir será propicia a las gentes de Alamie, pero que el destino de Lord Tannen es oscuro e incierto y le dirige serias y vehementes advertencias respecto de aquél que llama “El Cuervo Negro”, ya que “éste amenaza la vida del felino”, unas palabras que entienden como una referencia al emblema del estandarte de la casa Tannenbren.

Sin más información y con ánimo de llegar cuanto antes para la defensa de sus tierras, Lord Tannen se despide de la bruja y dispone que las huestes continúen su marcha, no sin antes trasladarles a sus soldados que la bruja Nernadel vaticinó que la suerte les sería propicia en la batalla (ahorrándose cualquier comentario respecto del Gorgón o del Cuervo Negro).

A paso ligero el ejército de Alamie se apresura para hacer frente a los invasores que están asolando las tierras del norte del ducado, internándose en la provincia de Soreliest, encontrándose con aldeas vacías, saqueadas y arrasadas a medida que se aproximan al norte. Ya en las proximidades de la fortaleza del Pico del Cuervo los exploradores advierten a Lord Tannenbren que los invasores están reuniendo allí sus fuerzas. Tienen sitiada la fortaleza, que todavía resiste el asedio, gracias a que los atacantes no disponen de instrumentos que les permitan superar la fortificación, pero suponen que no podrán aguantar mucho tiempo así, ya llevan varios días sitiados y son muchos los que se han refugiado tras los muros por lo que no dispondrán de mucho alimento ni agua, si es que no están ya sin ello.

IMG_20170929_185102_processedEl ejército de Alamie apura el paso hasta que alcanza las lomas próximas al Pico del Cuervo, formando en disposición de acometer a los invasores. Desde allí divisan un enorme mar de guerreros en el exterior de la fortaleza asediada. Son tantos que la tienen completamente rodeada, con la evidente finalidad de no permitir que nadie entre o salga de la fortaleza, mientras que el grueso del ejército salvaje, compuesto en su mayoría por hombres salvajes y en el que distinguen también algún ogro, se dispone a formar para acometer a los alamitas que pretenden expulsarlos. Además de la multitud de guerreros que divisan desde su posición elevada, también distinguen a lo lejos un enorme campamento, tras las líneas enemigas, en el que también distinguen movimiento.

Los comandantes ocupan sus puestos respectivos y, tras un momentáneo silencio, los cuernos de guerra resuenan en el campo de batalla, dando comienzo la feroz y sangrienta Batalla del Pico del Cuervo.

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