Logres, año 479

Personajes:

Tanicus de Porton

TanicusPorton

Cilydd de Buckholt

CilyddBuckholt

Tahal de Berwick

TahalBerwick

Una mañana de mediados de primavera parte de los jóvenes escuderos del condado de Salisbury, los más capaces, se encuentran en el patio del castillo de Vagon, demostrando a Sir Elad, mariscal del condado y castellano del castillo de Vagon, el resultado de su entrenamiento durante el último año.

Entre ellos se encuentran Tanicus y Cilydd, que se enfrentan entre ellos con espadas embotadas. Aun tratándose de un arma embotada, la fuerza del golpe que propina el joven Cilydd a su compañero casi es capaz de derribarlo, que afortunadamente consigue interponer su escudo para parar el golpe.

A su lado Tahal de Berwick, hace lo propio con otro joven escudero de melena oscura y estilo de lucha agresivo que, de un modo similar a como lo hizo Tanicus, consigue parar el golpe con su escudo y no perder el equilibrio.

Entre golpe y golpe, los escuderos son conscientes de que son atentamente observados no solo por Sir Elad, sino también por parte de otros dos caballeros. Uno de ellos destaca por su llamativo corte de pelo, rubio y largo por la mitad superior y rapada la mitad inferior de la cabeza. Está comentando la técnica de los escuderos con otro robusto caballero de porte noble y mirada incisiva con la que sigue atentamente cada uno de los movimientos de Tahal y su contrincante, hasta que Sir Elad interrumpe la concentración de su examen de los escuderos para comentarle algo al caballero.

Tras intercambiar algunos golpes más, el viejo castellano de Vagon interrumpe la actividad de los escuderos para ordenarles a Tanicus, Tahal, Cilydd y Madoc que vayan a las caballerizas a por sus caballos ya que hoy competirán entre ellos en una carrera alrededor del castillo y de la aldea.

Mientras acuden a las caballerizas Tanicus informa a sus compañeros de que el otro joven que había estado entrenando con Tahal, se trataba de Madoc, un joven del que no se conocen sus padres y que no era de Logres, sino que había estado durante estos años sirviendo como escudero de Sir Uren, hijo de Gwairfang, conde de Jagent.

Los escuderos obedecen inmediatamente a Sir Elad y acuden con sus respectivas monturas para escuchar atentamente las indicaciones de Sir Elad acerca del recorrido que deberán realizar. Ante la mirada curiosa del resto de sus compañeros y del resto de los presentes en el castillo, que parecen compartir apuestas entre ellos sobre el ganador de la carrera, los jóvenes jinetes salen al galope del castillo a la orden de Sir Elad, para atravesar la aldea y girar hacia el camino que conduce al sur para atravesar el arroyo y rodear la colina sobre la que está edificado el castillo de Vagon.

En los primeros momentos, mientras galopan hacia la aldea de Vagon, Cilydd, Tanicus y el otro joven escudero de oscura melena ya consiguen sacar una considerable ventaja a Tahal, pero pronto éste consigue recuperar distancia respecto de sus compañeros. Al mismo tiempo el joven moreno comienza a distanciarse de ellos a una velocidad impresionante.

Los campesinos de Vagon se paran al escuchar el galope de los cuatro caballos y se apartan para dejarles paso libre y observar atentamente la carrera de los jóvenes escuderos.

No transcurre mucho tiempo desde que los del castillo pierden de vista a los jinetes y éstos reaparecen por el norte, tras rodear la colina. Madoc se acerca hacia el castillo a una velocidad endiablada sobre su corcel, a una considerable distancia de sus competidores, mientras el resto de escuderos que aguardan el castillo comienzan a animarlo y vitorearlo.

MadocCuando llegan al castillo, Tahal, Tanicus y Cilydd, ya se encuentran a sus compañeros elevando a hombros al sonriente escudero que les venció en la carrera de un modo tan contundente. También distinguen cómo algunos soldados intercambian el resultado de sus apuestas y cómo los dos caballeros que antes habían estado observando su entrenamiento sonreían complacidos por el resultado de la carrera.

Al verlos llegar Madoc se acerca a ellos para saludarlos, felicitarlos también por la carrera y ofrecerles la revancha en otra ocasión, pero en algún tipo de competición que no sea una carrera de caballos. Sir Elad era conocedor de su habilidad y de las características de su caballo. Lo cierto es que en realidad tenían pocas posibilidades contra él en esta competición, pero él no la había elegido. Aun así, no por eso dejará de disfrutar de la victoria.

Mientras conducía Cilydd su montura a las caballerizas cruzó cerca de los dos caballeros que habían estado observando el entrenamiento y la carrera, y pudo escuchar como Sir Elad, dirigiéndose a uno de ellos (el del peinado llamativo) como Sir Uren, los invitaba a entrar en el salón del castillo para comentar ciertos asuntos.

Algo contrariado por haber sido vencido de un modo tan contundente, Cilydd no fue capaz de reprimir la verbalización de sus pensamientos al pasar junto a los dos caballeros:

— ¡Lo peor de todo no es la derrota, sino haber sido vencido por un bastardo!

El mayor de los dos caballeros se detuvo al escuchar la frase murmurada por el escudero de brazos peludos y, apartándose de Sir Uren y de Sir Elad (mientras éste fulminaba a Cilydd con su mirada), se acercó a él para ponerle la mano en el hombro y decirle:

— Joven escudero, ésta no será la única derrota que habrás de soportar, ¡por lo que más te vale aprender a encajar mejor los golpes! Y que no te cause inquietud la condición de quién te acaba de vencer en esta competición… ¡Lo cierto es que no teníais muchas oportunidades contra él!– y, tras propinar una fuerte palmada en la espalda de Cilydd, con una sonora carcajada el caballero se dirige al salón, en compañía de Sir Elad y Sir Uren.

Dirigiendo una mirada de enfado hacia Cilydd, Sir Elad le ordena que se encargase de las monturas y que le aguarde en las caballerizas con sus compañeros Tahal y Tanicus.

Mientras esperaban se enteraron, por otros escuderos, de quién era el caballero que acompañaba a Sir Uren y que se dirigió a Cilydd: nada más y nada menos que el Príncipe Uther. ¡El mismísimo Uther Pendragon!

Después de hacerles esperar durante más de una hora en las caballerizas, Sir Elad se reunió con los escuderos. Tenía para ellos una misión especial por encargo del conde: debían de partir hacia la aldea de Imber, al norte del condado, para hacerse cargo de un problema de los campesinos con alguna especie de bestia que los tiene atemorizados. Aunque los campesinos hablan de una bestia gigante o de un demonio, posiblemente no se trate de más que un lobo o algún perro salvaje que les haya atacado. Lo cierto es que los campesinos se niegan a trabajar las tierras por el temor a esa criatura que les amenaza. Deberán ir allí y dar caza a la bestia.

Ese mismo día los escuderos parten hacia Imber, atravesando un viejo sendero que los condujo a través de las praderas centrales del condado hasta la carretera que conduce de Amesbury a Devices, pasando por Tilshead, una ciudad fortificada situada al sur de las colinas fronterizas con el bosque de Blakemoor.

Tras un día y medio de recorrido desde Vagon, tras atravesar parte de las colinas cercanas a Tilshead, los escuderos llegan a la pequeña aldea de Imber, una aldea relativamente extensa pero pobre, con pequeños campos que la rodean y próxima a las lindes del oscuro y espeso bosque de Blakemoor.

No encuentran a nadie fuera de las casas, algo que no es extraño al haber ya anochecido en el momento de su llegada, por lo que llaman a la puerta de una de las casas y preguntan por la casa del viejo Garr, la persona que Sir Elad les comentó que estaba a cargo del pueblo.

Una vez son conducidos allí son atendidos por un viejo sacerdote que hace las veces de administrador de la aldea y por su compañera, Annest, una mujer mucho más joven que el sacerdote que suele hablar con mucha ironía, pero que atiende todas las órdenes del viejo. En un primer momento los confunden con caballeros enviados por el conde, respecto de lo cual los escuderos no hacen esfuerzo alguno por sacarles de su error, a pesar de la aparente suspicacia de Annest, a la que le llama la atención la juventud de los “caballeros”.

Mientras los escuderos se acomodan para disfrutar de la frugal cena que les ofrece, el viejo Garr les cuenta que una bestia enorme mató a dos de los hombres de la aldea, Nerghaid y Madog.

El primero murió defendiendo a su hijo Bradwen y a Cadfael, otro niño amigo de su hijo, del ataque de la bestia.

Madog fue atacado cuando estaba abrevando a los bueyes del molino en el manantial.

En ambos casos salió del boque por la misma zona y, aunque en ninguno de los dos ataques nadie del pueblo consiguió distinguir claramente a la bestia, el sacerdote, por lo que le dicta su experiencia y las huellas encontradas en los lugares en los que se produjo el ataque y las heridas de las víctimas, juraría que se trata de un oso, un oso colosal.

El viejo Garr también les cuenta que los campesinos no tienen por costumbre internarse en el bosque de Blakmoor, únicamente para conseguir leña de los árboles del linde, pero sin internarse demasiado.

Annest sale de la casa para hacerse cargo de los caballos en compañía de Tanicus. Mientras están atendiendo los animales, la mujer informa al joven escudero que eso de que “los campesinos a penas se internan en el bosque” que les ha contado Garr es cierto a medias: desde hace algunos años es verdad que no lo hacen, pero hace quince o veinte años aproximadamente algunos de ellos todavía acudían a una zona para honrar a los antiguos dioses. Actualmente prácticamente todos los habitantes de Imber se han convertido al cristianismo y el viejo Garr ha erradicado la costumbre de visitar ese lugar. Posiblemente la única persona de todo el pueblo que todavía intenta mantener los antiguos ritos sea la vieja Heledd, una anciana que vive en una choza en las afueras de la aldea, pero que sale muy poco de su hogar a causa de los achaques de su avanzada edad.

Con toda esta información y tras el ofrecimiento por parte del viejo Garr de acompañarles con sus perros en la cacería que pretenden iniciar al día siguiente, los escuderos se disponen a descansar, pero ninguno de ellos consigue conciliar el sueño por la excitación de la expectativa de enfrentarse a una misteriosa bestia salvaje al día siguiente.

Tras darle algunas vueltas, finalmente deciden salir en plena noche de la humilde casa del viejo Garr y dirigirse a la casa de la familia del pequeño Bradwen para hablar con él y con su madre.

En cuanto Indeg, madre de Bradwen y viuda de la primera de las víctimas de la bestia, escucha los golpes en la puerta y la solicitud de los escuderos de que les abra, no tarda en atender su solicitud.

Los escuderos tienen un intenso interrogatorio con Indeg y con el pequeño Bradwen. Mientras tanto a Tahal le parece distinguir un extraño sonido procedente de un pequeño cobertizo situado a un lado de la casa.

Mientras Tanicus y Cilydd interrogan al pequeño Bradwen, Tahal sale de la casa con la intención de examinar el interior del cobertizo. Al ver que no consiguen mucha más información por parte del asustado niño, Cylidd y Tanicus salen también para buscar en el cobertizo el origen de los sonidos que Tahal había advertido instantes atrás.

Después de una ligera búsqueda, los escuderos localizaron una especie de jaula, hecha con ramas, dentro de la cual estaba un pequeño osezno que gemía con escasas fuerzas y en un estado lamentable.

Al ver descubierto su secreto, el pequeño Bradwen confesó entre lágrimas que él y su amigo Cadfael se internaron en el bosque y llegaron hasta la vieja piedra y encontraron allí a unos oseznos. Al ver que estaban solos decidieron llevarse a uno de ellos, con la idea de entrenarlo y hacer fortuna con él, igual que los feriantes que vieron el año pasado cuando los llevaron a la feria de Tilshead. Pero cuando ya estaban saliendo del bosque escucharon un rugido a sus espaldas y escaparon a la carrera con la cría. Nerghaid, el padre de Bradwen los vio y, sin pensarlo dos veces, corrió hacia la bestia para salvar a los niños. Y la bestia acabó con él.

Aclarado el motivo de los ataques de la bestia y ahora convencidos de que se trata de una osa enfurecida por haber perdido a uno de sus oseznos, los escuderos decidieron internarse en el bosque durante esa misma noche, antes de que nadie más en la aldea pudiese saber qué es lo que había sucedido. Esperaban, con algo de suerte, poder solucionar el problema sin mayores consecuencias para nadie.

No perdieron ni un minuto. Armados tan solo con sus espadas, sin escudo ni armadura, con la sola luz de la luna y las estrellas, se internaron en la frondosidad del bosque de Blakmoor a través de un viejo sendero, siguiendo las indicaciones que el niño les había dado para llegar a la vieja piedra bajo la cual habían encontrado al osezno.

ImberBearCuando estaban llegando a lo alto de la loma sobre la que podían distinguir las piedras recubiertas de musgo de un viejo dolmen semienterrado, escucharon un furioso y potente rugido que hizo silenciar el resto de los sonidos nocturnos que los habían acompañado durante su trayecto. La figura inmensa de un oso surgió de la oscuridad del hueco bajo la piedra, alzándose sobre sus patas traseras y dirigiendo otro rugido amenazador.

Tanicus sacó rápidamente al osezno de entre sus ropas. En el momento en que lo hizo, la bestia se lanzó hacia ellos colina abajo. Los escuderos inmediatamente dieron la vuelta por el mismo camino que habían recorrido, escapando de la furiosa bestia que les perseguía, pero pronto se dieron cuenta de que, por mucho que se esforzasen, la bestia les daría alcance, especialmente a Cilydd que se había retrasado respecto de sus compañeros.

A la vista de que les alcanzaría, Cilydd echó mano de su espada y frenó su huída para hacer frente a la bestia, solicitando la ayuda de sus compañeros. Éstos no dudaron en acudir en ayuda de su compañero.

Entre los tres se enfrentaron al feroz animal, que acometía a Cilydd con sus peligrosas zarpas, hasta que Tanicus sacó de nuevo de entre sus ropas a la cría para provocar que la bestia dejase de atacar a su compañero. Su acción tuvo un efecto mayor que el que pretendía: la osa efectivamente dejó de atender a Cilydd y cargó contra Tanicus mientras este arrojaba a la cría hacia un lado, esperando que el oso centrase en ella.

La osa acometió al joven Tanicus con una violencia extrema, desgarrando su pecho con sus garras y arrojándolo varias yardas contra el tronco de un roble, mientras Cilydd y Tahal hundían sus espadas en la espalda de la bestia acabando con ella.

Egbr4i8U4AMSkaJLas heridas de Tanicus eran muy graves y la vida se le escapaba con cada latido, si no hacían nada pronto. Cilydd, gritando el nombre de su compañero corrió a atenderlo para tratar de contener las hemorragias, pero por más que lo intentó, gritando su nombre una y otra vez, vio cómo el joven Tanicus exhalaba su último suspiro en sus brazos.

Tahal y un conmocionado Cilydd regresaron a Imber con el cuerpo del valiente Tanicus, que había dado su vida para ayudar a su compañero enfrentándose a la bestia.

Aunque habían acabado con la bestia de Imber, no estaban para celebraciones. Si en un principio su intención era acabar con el problema sin que nadie se enterase de lo que hizo Bradwen para evitarle al pequeño un eventual castigo por parte del conde, tras la muerte de su compañero tanto Tahal como Cilydd estaban dispuestos a contarle al conde todo lo que había sucedido, así como cuál fue la causa que provocó los ataques a los campesinos de la aldea.

Una vez que la gente de la aldea hubo despellejado a la bestia, para que los escuderos se pudiesen llevar la piel a Sarum, partieron de Imber acompañados por el viejo Garr, que se encargó de conducir el carro en el cual transportaban el cuerpo de Tanicus.

En su camino hacia el sur, en las proximidades de Shrewton los escuderos se encontraron con un grupo de bandidos que estaban atacando a unos plebeyos que conducían un carro, mientras un guerrero les estaba haciendo frente en solitario.

Tanto Tahal como Cilydd, dejando atrás al viejo Garr, cargaron con sus caballos para ayudar al guerrero que valientemente se estaba enfrentando en solitario a dos bandidos, cuando cuatro bandidos más surgieron de ambos lados del camino. El entrenamiento de Tahal y de Cilydd durante todos estos años y la rabia acumulada por la muerte de su compañero, dirigió el brazo de los escuderos que consiguieron abatir sin mucho esfuerzo a dos de los bandidos y ayudar al joven escudero, que también fue capaz de despachar a los dos rufianes que se estaban enfrentado a él cuerpo a cuerpo. Siendo conscientes de que no tendrían muchas posibilidades contra guerreros a caballo con formación, los dos bandidos trataron de huir entre los árboles, pero cayeron muertos bajo el filo de la espada de Tahal.

Finalizado el combate y tras el agradecimiento por parte del conductor del carro, se presentó el joven guerrero que se encontraron. Se trataba de Molacus, hermano de Tanicus. Las similitudes entre los rasgos de ambos eran más que evidentes.

Molacus se dirigía a Imber para reunirse con su hermano y darle la noticia de que el conde le había autorizado servir como escudero para Tanicus una vez que éste fuese nombrado caballero, un honor que estaba previsto concederle este mismo domingo. Se trataba de una circunstancia y una autorización de carácter totalmente excepcional, pues no era habitual que los escuderos sirviesen a caballeros de su propia familia, pero las extremadamente buenas relaciones de la familia de Tanicus con el conde Roderick habían propiciado esa decisión.

Al enterarse de que su querido hermano había fallecido, una oscura sombra de tristeza mudó el rostro del joven Molacus.

Al llegar a Sarum, relataron al conde Roderick los sucesos de la aldea de Imber así como el incidente con los bandidos.

Tras ser escuchados atentamente por el conde y otros de los caballeros presentes en el salón del castillo de la Roca, los escuderos son invitados a la cena que celebrará el conde en el salón.

Antes de la cena, mientras Molacus acompaña al cuerpo de su hermano hasta la catedral, en donde lo velará, sus compañeros buscan un lugar en el que ahogar en cerveza su pena por la muerte de su compañero. Allí se encuentran a Madoc, acompañado de otros escuderos compañeros suyos, que escucha también con mucha atención la aventura de Imber y consuela con camaradería a sus compañeros invitándolos a beber con él.

Milagrosamente ambos escuderos se mantienen sobrios hasta el momento de la cena en el salón del conde, a la cual también está invitado Madoc.

Cuando llegan allí se encuentran de nuevo con un serio Molacus, que los acompañará también en la cena.

FeastHall

A Tahal le guardan asiento en una mesa cercana a la mesa del conde, pero a Cilydd y a Molacus, sorprendentemente, les han reservado un lugar en la mesa principal, en la cual estarán sentados también el Conde Roderick, Sir Elad, Sir Amig (el castellano de Tisbury), algunas de las damas de la corte del conde y…, también dos invitados especiales ¡el Príncipe Uther y Madoc!

Por lo visto el escudero Madoc ha sido reconocido públicamente por parte de Uther como hijo suyo. Eso implica que esa misma tarde…, ¡habían estado compartiendo cervezas con un miembro de la familia real sin ser conscientes de ello!

Durante la cena el veterano Sir Amig entretuvo al joven Molacus compartiendo historias sobre el joven Madoc, Uther, las costumbres paganas y algún rumor que otro, mientras Cilydd, algo incómodo en la mesa principal, trataba de comportarse del modo más correcto del que era capaz, hasta que Lady Elaine decidió que era buena idea solicitar su compañía para salir un momento del salón para “airearse un poco en el frescor de la noche”.

Mientras tanto, Tahal se encontraba en su salsa entre caballeros, respondiendo a retos y lanzando el anzuelo a alguna que otra de las sirvientas que estaban atendiendo la cena.

Al finalizar el banquete, el conde Roderick anunció a todos que, del mismo modo en que la mañana siguiente Madoc, el hijo de Uther sería nombrado caballero por su padre, el conde nombraría dos nuevos caballeros: Tahal de Berwick y Cilydd de Buckholt.

Conforme la tradición, esa noche tanto Tahal como Cilydd la pasaron velando sus armas, mientras Molacus la pasó velando el cuerpo de su hermano.

A la mañana siguiente se celebraron las ceremonias del funeral de Tanicus de Porton y de la investidura como caballeros tanto de Sir Madoc ap Uther como de Sir Tahal y Sir Cilydd, al cual le fue designado Molacus como escudero.

Comentarios.-

Para empezar la campaña quise utilizar el mítico escenario inicial de la cacería de Imber que ya se proponía en la 3ª edición de Pendragón (desconozco si las anteriores ediciones también lo incluian), situándolo en el año 479, un año antes del inicio de la expansión de La Gran Campaña contenida en el Book of Uther (también se puede encontrar por separado), de modo que pudiésemos iniciar el año 480 con los personajes ya habiendo sido investidos como caballeros y conociendo las mecánicas básicas, pues precisamente ese año empieza “fuertecito”.

También aproveché para presentar algunos personajes que tendrán protagonismo más adelante, como el Uther y Madoc. Respecto de ésto la verdad es que disfruté mucho durante el momento del cabreo de Cilydd ante Uther, sin ser aquél consciente de que estaba llamando bastardo al hijo del príncipe en su presencia.

La primera parte de la partida creo que transcurrió de un modo un poco lento y forzado. Tal como luego comentó uno de los jugadores, daba la impresión de que se trataba de un tutorial de un videojuego: (“para correr pulsa A, para saltar pulsa X”), y la verdad es que no le falta razón. Un poco por ese motivo omití la justa para determinar el líder de la cacería que propone la aventura.

También quise dar un poco más de profundidad a la historia de esa primera aventura de introducción. En ésta se prevé que los personajes se desplazarán a Imber y se desarrollará una cacería de un oso devorador de hombres que atemoriza a la aldea. Yo quise mantener un poco más el misterio acerca de la naturaleza real de la amenaza, así como buscar una razón por la cual un oso atacaría a los habitantes de una aldea.

Al mismo tiempo, me encanta mezclar aspectos religiosos y mágicos con las historias, de modo que se me ocurrió la idea de que existiese un lugar donde se celebraban ritos paganos pero descuidado desde hace años salvo por una anciana que últimamente apenas se ve capaz de salir de su casa.

Como consecuencia del abandono del lugar por parte de los humanos, un animal salvaje ocupó el lugar e hizo de él su cubil, hasta que un par de niños traviesos, valientes e imprudentes se acercaron y encontraron unos oseznos. Decidieron llevarse a uno de ellos para “entrenarlo”, con la desgracia de que la madre de los cachorros no se encontraba muy lejos de allí y los persiguió hasta que el padre de uno de ellos, en una acción tan heroica como suicida, se enfrentó a la osa para evitar la muerte de los niños.

Esta historia no tendría por qué haber salido a la luz si los personajes hubiesen decidido descansar durante la primera y salir de cacería a la mañana siguiente, tal como se prevé en la aventura. En ella se explica paso a paso la mecánica propia de este tipo de escenarios: la preparación de la cacería, la búsqueda, la persecución de la presa y la matanza.

Pues bien, una vez más, ¡otro plan que no resiste a un grupo de PJs!

El carácter enérgico de los personajes y curioso de los jugadores los llevó a desarrollar una investigación nocturna (¡interrogatorio incluido!), que sacó a la luz parte de los antecedentes que había preparado.

La verdad es que disfruté muchísimo de este desarrollo de la historia que nos permitió a todos interpretar más y explorar algunos dilemas: ¿contaremos al conde que la imprudencia de unos niños ha sido la causa de las recientes desgracias de Imber, o trataremos de solucionar el problema antes de que nadie se entere de lo que realmente ha sucedido y una vez solucionado, aquí no ha pasado nada?

El combate con la osa de Imber sirvió para poner en práctica la mecánica de las pasiones y también, desgraciadamente para Tanicus, sirvió como un ejemplo respecto de la letalidad del juego. En Pendragón es MUY FÁCIL morir (especialmente si no tienes armadura ni escudo -ejem…-).

Aproveché también el encuentro con los bandidos para introducir a Molacus como nuevo personaje (tras comentarlo con el jugador, por supuesto). La idea de que el conde le impusiese a Cilydd como escudero al hermano de Tanicus, cuando precisamente la muerte de Tanicus se produjo porque éste detuvo su huida para proteger a Cilydd me parecía una excusa ideal.

El banquete previo a la investidura me sirvió como excusa para probar las mecánicas del Book of Feasts, que tenía muchas ganas de comprobar su funcionamiento. Como ya comenté en Twitter, las reglas del Book of Feasts invitan a que los personajes desarrollen un juego de gestión de recursos, en función del nivel de sus habilidades, una serie de tiradas para conseguir puntos de genialidad que puede deslucir un poco el aspecto narrativo si no se “visten” un poco las escenas. Por otro lado, creo que los resultados de esas tiradas pueden dar pie a situaciones comprometedoras y muy interesantes, especialmente si se juegan cartas de la baraja de eventos.

En nuestro caso, como consecuencia del resultado de las primeras tiradas para determinar dónde se sentarían los personajes, tanto Cilydd como Molacus fueron sentados en la mesa principal (“sobre la sal”), lo cual les garantizaba la ganancia de una cantidad considerable de puntos de genialidad cada ronda, pero les limitaba la opción de sacar cartas del mazo de eventos de banquete. Realmente dio lugar a una situación bastante llamativa ya que, en lugar de ser colocados en el suelo o en el lugar más alejado de la mesa principal, dos jóvenes escuderos fuesen situados en la mesa del conde. Quizás en futuras ocasiones adapte las reglas para hacer más difícil sentarse en la mesa principal, pero en esta consideré que la estrecha relación que une a la familia de Molacus con el conde Roderick, así como la circunstancia de que Cilydd hubiese sido quién relató al conde lo sucedido en Imber, podían justificar su presencia en ese lugar de preeminencia.

Y hasta aquí esta primera entrada. La verdad es que me ha salido bastante más extensa de lo que yo había previsto, pero en futuras ocasiones trataré de abreviar más los resúmenes, para que sean auténticos resúmenes y no otro ladrillo más como los que me suelen salir cuando me enrollo a escribir.

Gracias por haber llegado hasta aquí y, si te ha gustado, espero que no dejes de visitar las crónicas de los años posteriores de nuestra Gran Campaña de Pendragón.

La crónica del año siguiente puedes encontrarla aquí: Logres, año 480.

3 comentarios en “Logres, año 479

    1. Actually it took us two sessions to complete the Imber scene, so we can say that the PK survived more than one session 😅.
      Anyway, as you said, this was a great warning for players about how deadly this game is and how important armor and shields are.

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