Logres, año 487 – El rescate de Sir Urien de Jagent

La Fase de Invierno

Antes del banquete de Navidad, el conde Roderick hizollamar a Sir Molacus a Sarum, para tratar con él cierto asunto que habían dejado pendiente desde la pasada primavera: la posibilidad de que Sir Molacus contrajese matrimonio con Lady Eleri de Stapleford. El conde autorizó de buena gana el enlace ya que, además de que apreciaba a la familia de Porton, el caballero le había demostrado al conde en repetidas ocasiones su lealtad. Los últimos años habían sido inclementes con su familia: la muerte de su padre, después la de su hermano Tánicus, hace un año la de su madre… Ahora Molacus se encontraba solo y sin descendientes ni sobrinos, por lo que al conde le pareció adecuada su boda con Lady Eleri de Stapleford, tal como el caballero le había solicitado.

La boda de Sir Molacus y Lady Eleri tuvo lugar durante ese mismo invierno a través de una ceremonia íntima oficiada por el párroco de Porton, a la que asistieron, por supuesto, sus dos amigos y sus familias, Sir Gaoth y Sir Cilydd. A la boda también asistió uno de los vecinos de Stapleford, Sir Morhaed, que ofreció su ayuda a Gaoth y su esposa en supuestos de necesidad.

En cuanto a Buckholt, al regresar Sir Cilydd de la boda de su amigo se encontró con que contaba con una nueva habitante en su hogar. Su hermana Meleri había regresado, tal como le había solicitado su hermano. La recepción por parte de Sir Cilydd fue fría y seria, al igual que la reacción de Meleri, que no se prodigó precisamente en palabras con su hermano ni con su cuñada, aunque parecía dispuesta a ocupar formalmente su posición en la casa.

Por lo que luego le contó Bebbin a Cilydd, según le había contado Meleri sus hermanos habían sido destinados a Colchester, formando parte de una unidad de infantería, para contener el avance de los sajones de Aescwine, y regresaron traumatizados por las atrocidades que habían visto en el este.

Además de lo anterior, un incendio provocó cuantiosos daños en los campos de cultivo de Buckholt.

En cuanto a Grimstead, el señorío de Gaoth, la única incidencia fue la relativa a un reducido grupo de incursores que fueron rechazados por Sir Gaoth y sus hermanos.

Un banquete de Navidad especial

El rey Uther se desplazó ese año a Salisbury con su corte para celebrar en Sarum el banquete de Navidad, al que también asistieron Sir Gaoth, Sir Molacus y Sir Cilydd, junto con sus respectivas esposas.

Durante el banquete se repartieron regalos tanto por parte del rey como del Conde entre sus caballeros, familia y oficiales. En un determinado momento el príncipe Madoc ordena a sus hombres que traigan el regalo para su padre: cofres repletos de plata, oro, joyas, cálices y telas valiosas, que sorprenden a su padre. Tesoros arrebatados de las manos sajonas durante las incursiones lideradas por Madoc durante los últimos meses. Pero todavía faltaba un regalo, el más valioso, y fue Merlín el que lo ofreció.

Cuando ya casi se podía dar por terminado el banquete, un heraldo anunció la presencia del Archidruída y Guardián de Britania. Ante la mirada atenta de todos los presentes, Merlín entró en el salón, saludando a Uther y ofreciéndole su regalo, todo lo que necesitaba para unir a los barones de Britania bajo el rojo estandarte de Pendragón y enfrentarse a los sajones como un único pueblo: ¡Excalibur, la espada de la victoria!

El druida saca de debajo de sus ropajes la misma reluciente espada que los caballeros habían visto hace unos meses surgir del agua, mientras todos los presentes en el banquete observan maravillados, como atrapados por una especie de encantamiento, la maravillosa espada.

Después de unos instantes, el hechicero pidió permiso al conde para felicitar a Sir Cilydd, Sir Molacus y Sir Gaoth por sus servicios en la recuperación de la espada. Sorprendido por las palabras de Merlín, el conde mira extrañado a los caballeros y les pide que expliquen a qué se está refiriendo Merlín, mientras el druida los observa divertido.

Sir Gaoth tomó la palabra y le relató al conde y a todos los presentes la fabulosa historia de la recuperación de la espada. Algunos dudan de la realidad de las referencias a gigantes de tres ojos o de criaturas surgidas de los pantanos, pero la historia, tal como la cuenta Sir Gaoth con su voz grave y potente, es fascinante y cautivadora.

Al terminar Gaoth su relato, Merlín se acercó nuevamente al conde Roderick para aconsejarle que cuidase bien de estos tres caballeros y que les permita cierta autonomía para ayudar a Britania.

Antes de despedirse y retirarse del banquete, Madoc se acercó a los caballeros para comentarles los detalles acerca de las incursiones que ha planeado para el año que viene. Su objetivo será inutilizar la flota o al menos destruir tantos barcos como puedan de los sajones, tanto de Aelle, como de Aesc como de Aescwine. Para ello se han construido barcos que estarán listos y preparados en el sur antes del próximo verano, todavía pendiente de determinar el lugar, pero les informará.

Si deciden acudir, deberán hacerlo sin escuderos y partirán sin monturas. Los barcos cuentan con plazas limitadas y cada hombre y cada libra de peso son importantes. En cuanto a lo que deben llevar, armas y armaduras que sean capaces de portar por sí mismos. No se contempla la posibilidad de hacer prisioneros, ¡salvo que se consiga atrapar a Aesc o Aelle, claro! Además, no habrá tiempo para saquear. Como botín únicamente se podrán llevar lo que sean capaces de arrancar de los brazos o cuellos de los guerreros con los que tengan que enfrentarse, en su caso.

Sabe que no es mucho lo que les ofrece y sí lo es lo que les pide, por lo que entendería perfectamente que decidiesen no acompañarlo a esta misión, pero si aun así acceden a hacerlo, les informa que su intención es partir en la primavera, antes del Beltane.

Como lobos de mar

Efectivamente, antes de Beltaine, los tres caballeros llegaban a Hattone, atendiendo la invitación de Madoc para participar en las incursiones en territorio sajón. El conde Roderick se disponía a acompañar a Uther en su recorrido hacia Lindsey y Malahaut, pero había permitido escoger a los caballeros si acompañarlo o sumarse a las incursiones que pretendía liderar Madoc durante este año en tierras sajonas. Aprovechando la extraordinaria oportunidad que les brindaba su señor en cuanto a ser dueños de su propio destino, los tres caballeros optaron por acompañar a Madoc.

Durante su recorrido, los caballeros se pusieron entre ellos al tanto de sus las novedades desde la última vez que se vieron. La más importante fue la relativa a la visita que recibió Sir Cilydd, justo antes de partir hacia Hattone. Dos jóvenes sacerdotisas, Nínive y Lleucu, Damas del Lago, llegaron a Buckholt diciendo que habían sido enviadas por Merlín, para conocer a Howel uno de los hijos de Sir Cilydd. A pesar de las protestas de Lady Adwen, finalmente las dos Damas se llevaron con ellas al pequeño, asegurándole a Sir Cilydd que la salud física y espiritual del pequeño mejoraría durante el tiempo que permaneciese con ellas en Avalon.

Al llegar a Hattone los caballeros se encontraron con un buen contingente de más de cien caballeros convocados por el príncipe, procedentes de distintas partes de Logres, todos ellos dispuestos a formar parte de las tripulaciones de tres barcos capitaneados por un viejo marinero y guerrero llamado Gwengwyngwyn.

Uno de los caballeros que aguardaban para embarcar, para sorpresa de los tres caballeros, era Lord Tegfang de Jagent. El joven conde formaría parte del contingente de tropas de Madoc y pronto descubrieron la razón: Madoc y Tegfang aprovecharían las incursiones para adentrarse en territorio sajón y rescatar a Sir Urens, el hermano de Tegfang, de su cautiverio.

Hace un par de años Madoc ya les había hablado de sus planes de rescate. Sir Urens había sido el caballero al que Madoc había servido como escudero y se sentía en deuda con él.

En Hattone el príncipe les recordó a los caballeros que no le debían nada a él, por lo que, si decidían no participar en la misión de rescate y limitarse a participar en las incursiones como el resto de los hombres, lo entendía perfectamente. Pero el alma de un caballero joven es imprudente y temeraria, y las almas de Molacus, Cilydd y Gaoth estaban ávidas de gloria, por lo que dijeron a Madoc que podía contar con ellos para la misión.

El mismo día de la llegada de los tres caballeros se hicieron a la mar las embarcaciones de Gwengwyngwyn, repleta de guerreros ansiosos por quemar naves sajonas y derramar la sangre de sus enemigos.

A los dos días se produjo el primer ataque. Protegidos por la oscuridad de la noche, los barcos se acercaron a Devensey, donde encontraron una pequeña flota de barcos sajones. Su llegada no pasó inadvertida por los guerreros que estaban montando guardia que, al ver el número de tripulantes de las embarcaciones britanas, se limitaron a hacer sonar los cuernos dando la señal de alarma para que acudiesen más guerreros desde el pueblo.

Los britanos fueron capaces de aprovechar la sorpresa para aproximarse a los barcos sajones y, mientras los guerreros formaban un muro de escudos los marineros que viajaban con ellos se dedicaron a verter odres de brea sobre los barcos sajones y comenzar a prenderles fuego.

Los guerreros sajones no tardaron en aparecer, pero no fueron suficientes para atravesar al muro de escudos britano y evitar el desastre de sus barcos.

Victoriosos y exultantes por la fácil victoria, los britanos regresaron a los barcos sin haber sufrido ninguna baja, solo algunos habían resultado heridos.

Pero hubo algo que llamó la atención de Sir Cilydd durante el enfrentamiento y que hasta ese momento no había visto. Entre los hombres de Madoc se encontraba uno que conocía bien: Sir Eadric ap Sawel, el caballero que pretendía ostentar derechos sobre Buckholt. Sorprendido por la presencia de ese caballero Sir Cilydd se acercó a Madoc cuando montaron un campamento en un lugar refugiado de la costa, para preguntarle acerca de la presencia de Sir Eadric y advertirle respecto de que no lo consideraba un hombre de confianza.

Madoc parecía que ya esperaba la pregunta y le contestó sin rodeos. Sabía de la animadversión entre los dos caballeros, pero tanto ellos como Sir Eadric, habían demostrado su valor y lealtad en reiteradas ocasiones. Además, en lo que se refiere a la misión relativa al rescate de Sir Uren, Sir Eadric se trataba de un elemento necesario. Conocía la lengua, las costumbres y el comportamiento de sus enemigos, por lo que también formaría parte del grupo que se adentraría en Kent para el rescate.

Sir Cilydd y sus compañeros se quedaron algo contrariados por la respuesta de Madoc y preocupados por cómo se desarrollaría esa misión de rescate. Aunque le ratificaron al príncipe su intención de acompañarlo en la misión, no se fiaban ni un pelo de Sir Eadric.

Durante la noche del día siguiente los britanos de Madoc repitieron en Dover un ataque similar al de la noche anterior en Devensey. En esta ocasión los barcos de Aesc estaban algo mejor protegidos y les costó un poco más a los caballeros contener a los sajones el tiempo suficiente para que los marineros pudiesen prender fuego a los barcos de sus enemigos y ello a pesar de la lluvia que había comenzado a caer desde momentos antes a que comenzasen el ataque.

SaxonTerritoriesEn cuanto las llamas comenzaron a devorar los mástiles de los barcos sajones, Madoc dio la orden de retirada hacia los barcos al resto de sus hombres, mientras él, Lord Tegfang, Sir Eadric, otro caballero más y los tres caballeros de Salisbury, se escabulleron de la playa para adentrarse en tierra en dirección norte, hacia un lugar llamado Eastry.

El rescate de Sir Uren

Cansados por el paso rápido mantenido durante varias horas, cargados con sus armas y armaduras llegan a las inmediaciones del pueblo y encuentran refugio en una zona apartada de la empalizada que rodea Eastry. Cerca encuentran una pequeña choza vacía, junto a una gran piedra erguida con manchas de sangre, frente a la cual hay un pozo de tierra de unos diez pies de profundidad con afiladas estacas en las que encuentran restos de sacrificios…, algunos humanos.

Como no hay espacio para todos dentro de la choza, deciden que dentro de ella se queden Sir Gaoth y Sir Eadric, quedándose el resto del grupo más apartados en una zona protegida por arbustos.

Al amanecer se abren las puertas de la empalizada de Eastry y ven como sale una mujer tirando de un pequeño carro se aproxima en su dirección. Cuando se aproxima a la choza, Sir Eadric pronuncia unas palabras que parecen sorprender a la mujer y que ponen a Sir Gaoth en alerta (el caballero de Grimstead tampoco se fía un pelo de Sir Eadric).

Pero finalmente parece que la mujer era la espía que esperaban encontrar. Eadhild, la mujer, se trata de una esclava de Ethelred, el ealdorman de Eastry. Conoce a Uren porque él también era esclavo de Ethelred, pero les cuenta que Uren ya no se encuentra en Eastry. Hace unos días hubo un incidente con Beothric, ceorl de Elmstone, un pueblo de granjeros situados hacia el norte, cerca del camino principal. Sir Uren, defendiéndose de uno de los perros de Beothric, acabó con la vida de uno de ellos con una lanza. Beothric exigió a Ethelred una compensación por la pérdida del perro y Ethelred le entregó a Uren, pero antes de ello hizo que le amputasen la mano con la que empuñó la lanza con la que dio muerte al perro de Beothric.

Eadhild les suplica que la lleven con ellos lejos de Eastry a lo que finalmente los caballeros acceden, más por una cuestión práctica que por compasión, ya que la mujer parecía conocer mucho mejor la zona.

Tratando de mantenerse alejados de los caminos principales y protegidos también por el mal tiempo de lluvia que dificultaba la visión, el grupo de caballeros consiguió finalmente llegar hasta Elmstone, el lugar que les había indicado Eadhild.

Vigilando desde una zona elevada, al otro lado del río que discurría cerca del pueblo, pudieron distinguir a algunos guerreros y a alguien que parecía encadenado en el exterior de un edificio que parecía el principal de la aldea en un estado lamentable, pero no era posible distinguir con seguridad si se traba de Uren, ni siquiera si se trataba de un hombre o de una mujer. Sin duda estaba siendo objeto de un cruel maltrato pues pudieron ver como en varias ocasiones aquella figura se arrastraba con dificultad a la esquina del edificio para beber del chorro de agua de lluvia que caía del tejado.

Aunque varias casas se sostenían en pie, no todas ellas parecían habitadas ni habitables. Daba la impresión de que el asentamiento se había levantado sobre un pueblo britano anterior, aprovechando parte de las estructuras de las viviendas que habían sido pasto de las llamas hacía años.

A diferencia de Eastry, aquel lugar no estaba protegido por empalizada o muralla alguna, por lo que consideraron que sería mucho más fácil la aproximación.

Durante la noche ejecutaron el plan que habían tramado después de varias horas de vigilancia. Cuando las voces procedentes del edificio principal cesaron y supusieron que los guerreros que habían visto estaban descansando, los britanos se aproximaron desde el este, ocultándose tras los muros de una de las casas en ruinas, mientras Eadhild se quedaba en un lugar alejado, aguardando el regreso de sus salvadores y rezando a Wotan por el éxito de su misión de rescate. Por su parte, Sir Eadric y el otro caballero se aproximarían desde el oeste, atentos para tratar de provocar alguna distracción si las cosas salían mal por cualquier motivo.

Gaoth se adelantó, tratando de aproximarse en silencio a la persona encadenada que habían visto, hasta que pudo distinguir que efectivamente se trataba de un hombre y que le faltaba la mano derecha. Pero desgraciadamente no pudo evitar que el ruido de su enorme hacha golpeando contra las protecciones de metal de su escudo, un ruido que alertó a uno de los granjeros que abrió la puerta de su hogar para preguntar qué era lo que sucedía.

Al verse descubierto, Gaoth cargó contra el granjero con su hacha, para tratar de silenciarlo, pero no fue lo suficientemente rápido para ello, por lo que el granjero tuvo tiempo de gritar alertando a los guerreros que se encontraban en el edificio principal.

Gaoth remató al aldeano y salió a la carrera en dirección a donde aguardaban sus compañeros, escapando de los cuatro guerreros que salieron por la puerta este del edificio.

Los gritos de alarma comenzaron a escucharse en el interior del edificio central del pueblo, del cual seguían saliendo guerreros con sus hachas y escudos, pero muchos de ellos sin armadura.

Los cuatro sajones que perseguían al caballero de Grimstead fueron sorprendidos por los caballeros que aguardaban escondidos, que consiguieron derribar a dos de los guerreros.

Gaoth dio la vuelta para unirse al combate con sus compañeros mientras veía que más sajones corrían hacia ellos, incluyendo uno con un hacha enorme y que no cesaba de impartir órdenes a pleno pulmón.

La acometida de los sajones fue brutal, pero aun así pudieron contenerlos.

Afortunadamente para ellos Sir Eadric parecía que también había cumplido con su parte del plan: un resplandor de lo que parecían llamas iluminaba la parte oeste del edificio, mientras escuchaban los ladridos de una jauría de perros. Eso hizo que parte de los sajones que habían cargado contra Madoc y los caballeros se apartasen para dirigirse a aquel lugar, haciendo con esto que la presión sobre los caballeros se redujese un poco.

No sabían con certeza cuántos guerreros sajones se podían encontrar en el interior del edificio. Mientras habían estado vigilando habían visto al menos seis, pero los que habían salido superaban en número a los britanos.

Captura 22-04-2021A pesar de ello, la circunstancia de que hubiesen salido sin armadura fue determinante, por lo que el príncipe Madoc, Lord Tegfang y los caballeros de Salisbury fueron capaces de vencer a sus oponentes, incluyendo a su líder, Beothric. El líder sajón de Elmstone había cargado con una furia salvaje y descontrolada contra Sir Molacus.

El caballero pudo contener gran parte de la violencia del golpe del líder sajón interponiendo su escudo, por lo que el hacha de batalla de su enemigo no consiguió herirlo. A pesar de ello, el brazo del escudo del caballero quedó resentido por la violencia del ataque.

Esforzándose por mantener la sangre fría, Sir Molacus soltó un furioso grito con el que cargó contra su oponente abriéndole el pecho con un certero tajo.

En el momento en que los sajones fueron conscientes de la muerte de Beothric y de que los caballeros los superaban, decidieron huir alejándose de los caballeros, momento que éstos aprovecharon para acercarse al hombre encadenado junto al edificio que comenzaba a caer pasto de las llamas.

Habían rescatado a Sir Uren. Ahora era momento de huir y rezar a los dioses por encontrar pronto a los barcos de Gwengwyngwyn y abandonar Kent cuanto antes.

La batalla de Blackwater

Tras escapar a través de los pantanos y aguardar en una de las playas del norte, finalmente pudieron reunirse con el resto de los hombres que habían estado aguardando a bordo de los barcos. La pericia marinera de Gwengwyngwyn para guiarse por las estrellas y su conocimiento de la costa sajona fueron determinantes para que los sajones no los hubiesen encontrado.

Pero la aventura no había terminado, todavía quedaba un objetivo para las incursiones navales: Maldon. Según habían informado los espías, allí se concentraba gran parte de los barcos sajones de Aesc y de Aescwine, que utilizaban para traer a más guerreros del continente y movilizarlos hasta el territorio de Caercolum en el que los sajones habían comenzado a asentarse, llamándole reino de Essex.

Siguieron el mismo plan que tanto éxito les había proporcionado en Devensey y Dover. Al caer la noche se adentraron por el río Blackwater hasta Maldon, pero allí tan solo encontraron un par de barcos fondeados en los muelles, no la flota que se esperaba encontrar Madoc.

A pesar de ello no desaprovecharon la oportunidad de prenderles fuego y escapar. En esta ocasión no tuvieron más oposición que un niño que les había saludado desde los muelles, totalmente desconocedor del peligro que suponían los barcos britanos. Una flecha lanzada desde el mismo barco en el que se encontraban los caballeros acabó con la vida del pequeño.

Los britanos se apresuraron a regresar a mar abierto, escapando de la costa, pero pronto descubrieron la razón por la que los barcos de Aesc no se encontraban en el puerto.

Una pequeña flota de casi una decena de barcos, repletos de sajones armados, aguardaba en la desembocadura de un afluente del Blackwater a los barcos britanos, que avanzaban hacia ellos impulsados por el viento y la corriente del río. La preocupación comenzó a cundir en la tripulación ¿Cómo iban a ser capaces de escapar?

Los caballeros echaron mano de sus armas y escudos. Los que habían comenzado a desembarazarse de su cota de mallas volvieron a ponérsela a toda prisa, con la ayuda de sus compañeros.

Los sajones esperaban de pie sobre la cubierta de sus barcos, golpeando repetidamente sus hachas contra los refuerzos de sus escudos, mientras insultaban a los britanos que se aproximaban a pesar de los esfuerzos de Gwengwyngwyn y de los otros capitanes de retrasar el avance de sus respectivas naves.

Sir Cilydd pudo ver cómo Sir Eadric comentaba algo con Madoc, en la popa del barco, tras lo cual el príncipe dio la orden de abandonar uno de los barcos inmediatamente, repartiéndose los tripulantes entre los otros dos barcos. Mientras los britanos se aprestaban a obedecer las órdenes del príncipe, Sir Eadric se sacaba la armadura y sacaba unos cuantos odres con el líquido inflamable con el que incendiaban los barcos en sus incursiones. Cuando Gaoth escuchó la orden de Madoc a los arqueros para que preparasen las flechas incendiarias, Sir Gaoth intuyó el plan.

Mientras las flechas sajonas y britanas se entrecruzaban en el aire, buscando clavarse en la carne de su enemigo, el barco britano tripulado únicamente por Sir Eadric se acercaba llevado por el viento y la corriente hacia la barrera de barcos sajona. Sir Eadric trepó por el mástil del barco hasta la verga, dejando colgados a sus extremos varios de los odres y saltando al agua una vez hubo colocado el último.

Los otros dos barcos britanos se habían colocado tras el barco de Sir Eadric mientras algunos de los barcos sajones se aproximaban por ambos lados hacia los britanos. Cuando casi estaban a punto de ser abortados y el barco abandonado estaba cerca de los barcos sajones, Madoc dio la orden de disparar con flechas incendiarias a los odres colgados de la verga, cayendo el líquido sobre algunos de los barcos sajones, provocando que éstos tratasen de apartarse.

Algunos de los barcos sajones se habían aproximado a los britanos lo suficiente como para abordarlos. Los de Logres debían evitarlo a toda costa si querían salir vivos de allí, por lo que Madoc no dejaba de gritar a sus hombres arengándolos para que luchasen no solo por sus vidas, sino por las de sus familias, por las de su señor, por la de su Rey, ¡por la de Logres!

n3181912106a-1Fue una dura batalla la que se libró aquel día, sobre todo porque ninguno de los caballeros de Logres estaba acostumbrado a luchar sobre una embarcación. Algunos de ellos cayeron en la lucha, pero fueron los menos. La gran mayoría sí recibieron heridas que les recordarían aquélla batalla tan distinta a cualquier otra en la que cualquiera de ellos hubiese participado hasta entonces.

El valor, la furia y la pasión inspiraron sus acciones hasta tal punto que lograron lo que parecía imposible: evitar el abordaje, atravesar la muralla de barcos sajona y salir a mar abierto dejando atrás a los sajones.

A los tres días de la batalla naval del Blackwater, los barcos por fin arribaron a la costa de Lindsey y los guerreros desembarcaron. La mayor parte de ellos quiso celebrarlo antes de regresar a sus tierras con una gran fiesta en la que no faltó vino, cerveza, comida y otros placeres, como el que parece que encontró Sir Molacus en la compañía de una dama, hija de un señor local de Lindsey. Una relación que incluso dio pie a jugosos rumores que viajaron por gran parte de Logres, algunos de los cuales aseguraban haber oído de buena fuente, ¡que incluso había un hijo producto de dicha relación!

El relato de las aventuras de los tres caballeros de Salisbury continúa en la entrada “Logres, año 488 – El caldero de Clyddno Eddyn“.

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