Logres, año 490 (2ª parte) – Pasiones desatadas

El banquete de la victoria

La victoria obtenida en Lindsey fue aplastante. Con gran parte de sus líderes muertos en batalla o capturados, los sajones del norte huyeron de regreso a sus tierras mientras eran hostigados por los britanos, algunos de los cuales se enriquecieron con el botín que previamente los sajones habían obtenido en su invasión de Malahaut.

Octa, encadenado, fue conducido a Londinium por orden de Uther, siendo exhibido durante el trayecto en cada aldea, pueblo o ciudad para que todo britano, fuese noble o plebeyo, pudiese hacer mofa y escarnio del rey sajón.

Los caballeros permanecieron en el norte junto con su señor, recuperándose de las heridas sufridas durante la batalla y para participar en un gran banquete de celebración de la victoria en el castillo de Lincoln. Como transcurrirían varios días hasta entonces, algunos de los caballeros, como Sir Gaoth, hicieron llamar a sus cónyuges. En cambio ni Sir Molacus hizo llamar a Lady Eleri, ni Sir Cilydd a ninguna de sus hermanas.

Fue precisamente en Lindsey donde Gaoth informó a su esposa Claudia de la muerte de su hermano. Quizás debido a la tristeza de la noticia, Claudia no estuvo muy centrada al tratar las graves heridas de Sir Cilydd. Y tal vez el hecho de que su hermano hubiese perdido la vida mientras estaba bajo las órdenes de Sir Cilydd también hubiese influido a la hora de atender a caballero de Buckholt. A pesar de su delicado estado, Sir Cilydd se puso furioso por los discutibles cuidados dispensados por la esposa de Gaoth. ¡No había sobrevivido al infierno de la batalla para estar ahora al borde de la muerte a causa de la impericia de una dama de Sommerset!

Por todo ello y preocupado por no estar en las mejores condiciones, Sir Cilydd decidió no asistir al banquete.

Desde sus aposentos el herido caballero pudo escuchar a través de la ventana el sonido del ajetreo y el jaleo de la fiesta que se había dispuesto en el patio del castillo de Lincoln, pues era tal la cantidad de caballeros que asistían al banquete que éste hubo de celebrarse en el exterior.

Sir Molacus, por supuesto, no quiso perderse el evento. De hecho, fue invitado a ocupar uno de los puestos de honor en las mesas más cercanas a Uther. Lo cierto es que el caballero de Porton tenía muy buena fama en Lindsey, en particular en ciertos círculos de damas importantes que buscaban su atención. Pero, al menos en esta ocasión en que tuvo oportunidad de ocupar un puesto “sobre la sal”, Sir Molacus prestó menos atención a las damas y más a las conversaciones entre el rey y sus barones más importantes, con la intencióni de enterarse de cuáles serían los planes para el siguiente año. ¿Se organizaría finalmente un ataque a Kent o a Sussex, ahora que el norte estaba asegurado?

Poniendo atención y realizando las preguntas oportunas a las personas adecuadas, con su habitual tacto exquisito, Sir Molacus se enteró de que los planes inmediatos de Uther pasaban por reunirse con los líderes de Cumbria y los gobernantes de los reinos del norte: Lothian, Nohaut y Gorre. Su intención era reactivar las negociaciones para su elección como Alto Rey de Britania tras haber neutralizado la amenaza de Deira y Nohaut no solo para Logres, sino también para todos los reinos britanos de la zona. Además de comentarios acerca de los intereses inmediatos de Uther, a los agudos oídos de Molacus también llegan rumores respecto de la intención de Madoc de reunir varias unidades para iniciar saqueos en las tierras sajonas de Deira y Nohaut antes de que lo hiciesen caballeros de Malahaut para recuperar lo que les habían robado, o guerreros del norte, de Lothian, Garloth, que podrían aprovechar la derrota del ejército sajón para saquear y enriquecerse.

Por su parte, Sir Gaoth hizo muy buenas migas desde el inicio del banquete con uno de los caballeros de Lindsey, que le presentó a otros caballeros importantes que escucharon muy atentos las historias que les cuenta Sir Gaoth, atrayendo la atención tanto de los caballeros cercanos como la de sus acompañantes, especialmente cuando el caballero de Grimstead comienza el relato de aquel momento en que ayudaron a Merlín a recuperar una espada mágica.

A pesar de la música y del bullicio de la fiesta el relato de Gaoth no pasó desapercibido en la enorme mesa principal, en la que se encontraban Uther y Merlín. El propio rey ordenó silenciar a los músicos y solicitó de Gaoth, con indisimulado orgullo, que compartiese con todos los presentes en el banquete el relato que estaba provocando tanto interés entre las damas y caballeros que lo estaban escuchando.

Mientras todo esto sucedía, a las estancias en las que se había quedado Sir Cilydd llegaba el sonido de las risas, las canciones y la celebración que se celebraba en el patio, pero el caballero decidió mantenerse al margen de todo ello. No estaba dispuesto a dejarse ver en su estado por una simple cuestión de orgullo. Además, estaba muy enfadado con Gaoth y con su esposa Claudia, tras haberse agravado sus heridas como consecuencia de los “peculiares” tratamientos que la dama de Westford había dispensado a sus heridas.

En un momento dado durante el banquete, Sir Molacus identificó entre las damas sentadas en la mesa principal a una con la que había compartido momentos agradables en el pasado, Lady Catherine. A pesar de que la dama parecía estar acompañada por otro caballero que no le sacaba los ojos de encima a Sir Molacus, el caballero de Porton decidió acercarse a ella saludándola en tono afectuoso. La dama esquivaba la mirada de Sir Molacus pero el caballero que la acompañaba aprovechó el momento en que Sir Molacus se acercaba para levantarse, saludarlo afectuosamente e invitarlo a sentarse a su lado.

El caballero se presentó como Sir Aeducan, caballero vasallo del duque de Lindsey y hermano de Lady Catherine (con quién Sir Molacus había tenido descendencia). Tras la extraña presentación, Sir Aeducan hizo un ofrecimiento al caballero de Porton: le propuso abandonar Salisbury para formar parte del grupo de confianza del príncipe Madoc, un entorno en el que Sir Molacus podría medrar en importancia, influencia y gloria, con mucha más facilidad que en un pequeño señorío del condado de Salisbury.

Sir Molacus rechazó educadamente la oferta, escudándose en sus votos de lealtad para con el Conde Roderick y en que también tenía una mujer y un hijo en Salisbury. A eso el caballero de Lindsey respondió que también podría servir a su conde sirviendo al príncipe Madoc en la corte del rey, donde sus habilidades serían especialmente útiles. En cuanto a la referencia a su esposa e hijo…, el caballero le dirigió una siniestra sonrisa levantándose de la mesa mientras le recordaba a Molacus que su hijo de Porton no era el único que tenía, en una clara alusión al vástago que había tenido con su hermana, Lady Catherine.

Aprovechando la atención que había atraído Sir Gaoth y que su esposa estaba entretenida con los comentarios de otros asistentes del banquete, el caballero se acercó a una joven dama que también atraía las atenciones de otros caballeros cercanos. Sin duda se trataba de una dama noble, por su porte y sus maneras. Tras una breve conversación con ella Gaoth pudo saber que se trataba de una joven de Cornualles que no había viajado mucho. Justo tras preguntarle a la dama acerca de si tendría algún tipo de parentesco o relación con la Dama Igraine, pues parecía compartir cierto parecido con la bella esposa del duque Gorlois, la conversación se vio interrumpida por un grupo de mujeres se situó en el centro de las mesas e inició una danza.

De entre las bailarinas destacaba una de ellas, la Dama Igraine, no solo por su belleza sobrecogedora (casi sobrenatural), sino también por sus movimientos sensuales y sugerentes que seguían el ritmo de la música, dejando embelesados a la inmensa mayoría de los allí presentes, tanto hombres como mujeres. Especialmente a Uther…, y a Gaoth.

En cambio Sir Molacus no se vio afectado por la influencia seductora de la belleza de Igraine, incluso le pareció algo obsceno e impropio de una dama de su estatus. Al comprobar con una simple mirada que su opinión no era la mayoritaria en su entorno, se interesó acerca de la historia de la esposa del duque Gorlois y escuchó algunos rumores que hablaban acerca del pasado de la dama Igraine.

Al parecer, aunque la bellísima esposa del Duque de Cornualles cumplía con las obligaciones, usos y costumbres de una buena cristiana, algunos afirmaban que había sido criada en Avalon y que incluso había practicado la hechicería. Algunas voces también afirmaban que sus hijas, Elaine y Morgause habían heredado ciertos dones o afinidades con artes mágicas paganas, especialmente su bella hija Morgause, que tanto se parecía a su madre en belleza y que también había asistido a la celebración, aunque pronto había abandonado su puesto en la mesa principal para disfrutar del baile y las diversiones del banquete.

En otra parte más alejada de donde se encontraba Molacus, Gaoth trataba de recuperarse de la impresión y de las emociones despertadas por la danza de Igraine, ante la mirada atenta de la dama que había estado conversando con él. La joven, aparentemente algo contrariada por la reacción de Gaoth tras presenciar la sensual y embriagadora danza de Igraine, se disculpó para ausentarse del banquete, poniendo como excusa que los murmullos de la gente le habían levantado dolor de cabeza y que necesitaba algo de aire fresco, lejos del bullicio de los asistentes al banquete.

El veterano caballero de Grimstead se quedó mirando a la dama mientras ésta se alejaba sin articular palabra. Quizá fuese la cerveza, pero había algo en aquella muchacha. La cadencia de sus pasos era grácil y sensual de un modo perturbadoramente similar al de la danza de la esposa de Gorlois.

Justo antes de desaparecer tras una la esquina, la joven se giró para comprobar si Gaoth la seguía con la mirada, regalándole al caballero una pícara sonrisa.

Al desaparecer la dama de su vista, Gaoth fue consciente de que su esposa Claudia le estaba hablando, comentándole algo acerca de lo encantadora y bellísima que era Igraine. Pero el caballero sintió el impulso de abandonar también el banquete, tras la joven.

Poco antes de llegar al lugar en que la dama había desaparecido de su vista, Gaoth fue consciente de que alguien discretamente seguía sus pasos. No pudo distinguir su identidad debido a la distancia y la oscuridad de la noche, pero por el porte y la forma de moverse tenía la impresión de que se trataba de un hombre de armas. ¿Un caballero?

Acelerando el paso consiguió despistar a su perseguidor y, tras echar mano del amuleto que le había regalado su amigo Sir Cilydd (un mechón del cabello de Arianrhodd), se metió en la torre con la esperanza de encontrarse a la joven y sensual dama.

Era ella la que le estaba esperando.

Gaoth regresó al banquete cuando éste se encontraba ya en sus últimos compases y, al preguntarle su esposa por el motivo de su ausencia durante un tiempo tan prolongado, Gaoth le contestó que había realizado una visita a Cilydd, pero que éste lo había acabado echando de sus aposentos.

Diplomacia y acero

A la mañana siguiente Sir Hywell, el caballero abanderado del Lavington Occidental y vasallo del conde de Salisbury, les comunica a los caballeros la intención del conde Roderick de permanecer en el castillo de Lindsey, pero les ofrece la posibilidad de formar parte del contingente que acompañará a Uther hasta Eburacum para reunirse con el rey de Malahaut y, tal vez luego, proseguir hacia el oeste para reunirse con señores de la guerra de Cambria y los reyes del norte. También les cuenta que, mientras se prepara la comitiva de Uther, Madoc también está reclutando hombres para organizar grupos de saqueo y hostigamiento a los restos de las tropas sajonas que puedan quedar en Malahaut, con la intención de apoderarse del botín que éstos todavía pudieran llevar consigo antes de que otros, bien sean de Malahaut o de los reinos del norte, aprovechen la ocasión para hacer lo mismo.

Sir Cilydd todavía no se encontraba en condiciones de viajar a caballo largas distancias y mucho menos de combatir, por lo que decidió permanecer junto al conde en Lindsey.

Por su parte, Sir Molacus decidió acompañar a Sir Hywell formando parte del séquito de Uther, mientras que Sir Gaoth se unió a las “partidas de caza” que se estaban organizando bajo las instrucciones de Madoc.

Durante el tiempo que el grupo de Gaoth se dedicó a hostigar a los sajones rezagados de Deira y Nohauto, no fueron capaces de localizar a muchas bandas sajonas, pero sí las suficientes para permitir al caballero de Grimstead hacerse con un buen botín con el que engrosar su tesoro personal.

Molacus, mientras formaba parte del séquito del rey de Logres, pudo presenciar el encuentro entre Uther y Heraut d’Apres, en las puertas de Eburacum. Tras un par de días en que el séquito de Uther se vio obligado a acampar en las afueras de Eburacum (pues únicamente se había autorizado la entrada en la ciudad al rey y su pequeña escolta personal), Uther salió de la ciudad acompañado de Heraut, con destino a Catterick, donde se reunieron con los reyes de Rheged, Garloth y Gorre. A pesar de que Molacus no pudo estar presente en las reuniones entre los líderes, al caballero de Porton le sorprendió la buena sintonía con la que terminaban todas aquellas reuniones. Por lo visto, Uther había sido capaz por sí mismo, sin necesidad de la presencia de Merlín, de aglutinar en torno a él los suficientes apoyos como para plantear la convocatoria de Supreme Collegium de Britania durante el próximo año y que allí se adoptase una decisión en cuanto a su candidatura como Alto Rey.

IMG_Golden_Hour_20210909_223916_processed.jpgLas semanas se sucedían y, aunque algunos de los caballeros y soldados habían sido autorizados a regresar a sus tierras, Uther mantenía con él a gran parte de los señores más importantes de Logres, entre ellos al Conde Roderick.

Lo que al principio eran semanas se convirtieron en meses, hasta que el frío, el viento y la lluvia del invierno hicieron acto de presencia mucho antes de lo que solía ser habitual. Debido a ello, Uther y su corte (incluyendo al conde Roderick y a los caballeros de Salisbury que le acompañaban) se vieron obligados a trasladarse y permanecer en Londinium para pasar el invierno, pues el clima hacía totalmente desaconsejable el viaje de regreso a sus tierras.

Encerrados en la Torre Blanca de Londinium

Estando en Londinium, Sir Cilydd recibió la visita de Ulpius, el abogado de Londinium que años atrás había contratado para que estudiase y estuviese al tanto de las supuestas maniobras que estuviese realizando Sir Eadric, el caballero de ascendencia sajona que pretendía ostentar derechos legítimos sobre Buckholt.

Ulpius averiguó que Sir Eadric pretendía presentar su disputa a decisión del rey, fundamentando sus pretensiones en el título en base al cual el rey Vortigern había concedido esas tierras a su padre, Sir Sawel. Al ser Sir Sawel dado por muerto en una batalla y carecer de descendientes, las tierras de Buckholt pasaron a formar parte de los dominios del conde Roderick, por concesión del rey Aurelio Ambrosio. A su vez el conde fue quién concedió las tierras al padre de Sir Cilydd a cambio de su vasallaje.

Por lo visto Sir Eadric ha conseguido localizar el título de concesión de las tierras a su padre, así como la declaración “in articulo mortis” de un tal Sir Talus, transcrita por el sacerdote que lo asistió en sus últimos momentos de vida. Dicho testigo afirmaba que Sir Eadric es descendiente directo de Sir Sawel y, por tanto, ostenta derechos sobre Buckholt por título hereditario.

Gracias a fuentes del interior de la cancillería, Ulpius pudo conocer que Sir Eadric pretende presentar su caso en los próximos meses. Con toda probabilidad no será Uther mismo quién juzgue el pleito, sino el Padre John, abad-obispo de la Abadía de Brightstream, jefe de la Cancillería y portador del sello real.

En cualquier caso, como siempre sucede en estos casos, al margen de la cuestión probatoria está la de la fuerza de los “argumentos” con que pueden contar los litigantes. Al parecer, ese tal Sir Eadric parece que cuenta con el apoyo directo de Sir Blains, el Administrador de Levcomagus y hombre de confianza del poderoso Duque del Valle. Ese apoyo supone un “argumento” de un peso notable y que podría resultar complicado contrarrestar. Sería necesario contar con “argumentos” poderosos que avalen las pretensiones de Sir Cilydd.

Las palabras del abogado contenían una velada alusión a la posibilidad de que el caballero de Buckholt apelase al conde Roderick y solicitase su apoyo, y Cilydd captó de inmediato la referencia. Pero Sir Cilydd no estaba dispuesto a involucrar al conde en sus cuestiones personales. Aunque era consciente de que Roderick le apreciaba, bastantes quebraderos de cabeza y problemas le había ocasionado al conde y no quería ser la causa de más.

Ante la respuesta de Sir Cilydd, el abogado le planteó otra posibilidad, tal vez menos honorable y justa, pero desde luego más práctica: hacer desaparecer las pruebas de su adversario. Aquello implicaba asumir una actuación totalmente contraria al honor y a los valores de justicia que Sir Cilydd tanto respetaba, pero al mismo tiempo podría permitir zanjar el asunto de una vez por todas y asegurar la legitimidad del derecho de Sir Cilydd y su familia sobre Buckholt.

Además, el odio que había crecido en Cilydd respecto de Sir Eadric a lo largo de los años cada vez era mayor y tener la posibilidad de frustrar sus planes era muy tentador. Eso, unido a la frustración por las consecuencias de la batalla de Lindsey, por haber estado convaleciente durante tantos meses a causa de las heridas sufridas y no poder regresar a sus tierras teniendo que pasar el invierno en una ciudad que odiaba, llevaron a Cilydd a preguntarle a Ulpius qué necesitaba para cerrar el asunto de una vez por todas.

También Sir Molacus tuvo una conversación interesante con Sir Aeducan de Lindsey, hermano de Lady Catherine, una dama con la que Molacus había tenido relación en el pasado y con la que había tenido un hijo. Sir Aeducan propuso al caballero que abandonase sus tierras de Porton para instalarse en la corte de Uther, donde podría medrar gracias a sus habilidades para manejarse entre personas importantes y para entender el doble sentido de las palabras. Además podría ocupar un puesto entre el grupo de confianza del príncipe Madoc. Pero Molacus declinó la oferta, excusándose en que tenía una familia en Porton de la que ocuparse.

Esa respuesta provocó una seria reacción por parte de Sir Aeducan, que le recordó a Sir Molacus que su familia de Porton no era la única. Había tenido un hijo con su hermana, Lady Catherine, del cual el caballero debía de hacerse cargo y reconocer como propio. Sir Molacus aceptó reconocer al hijo de Lady Catherine, aunque no le parecía buena idea que la dama y el niño se trasladasen a Porton, una respuesta que no pareció convencer demasiado al caballero de Lindsey.

¿Quién osaría desobedecer al rey?

Durante los días en que habían estado acompañando al rey Uther en su periplo y durante su estancia en Londinium los caballeros, trabaron relación con otros caballeros como Sir Cador de Cornualles, que como ellos se habían visto retenidos en la corte, sin poder regresar a sus tierras al no contar con la autorización de Uther.

Fue precisamente Sir Cador quien, tras una distendida charla con Sir Cilydd acerca de la familia y la complejidad de la estrategia de concertar matrimonios, acabó “confesando” al caballero de Buckholt su voluntad de abandonar pronto la corte, no solo él sino también toda la comitiva del Duque Gorlois.

Aunque sorprendido por la revelación, Sir Cilydd no trató de convencer a Sir Cador de que permaneciese y no provocase la ira de Uther, pues con toda seguridad el rey no se iba a tomar bien la desobediencia de los de Cornualles. Sir Cador parecía plenamente consciente de las posibles implicaciones de su abandono.

Esa misma tarde Morgause, la hija mayor de Gorlois e Igraine, se las arregló para encontrarse a solas con Gaoth. A esas alturas, después de tantos meses, el caballero de Grimstead ya era conocedor de la identidad de la joven: Morgause era la dama por la que se había ausentado durante un rato del banquete de Lindsey. Desde que fue conocedor de la identidad de la dama (irónicamente se enteró de ello gracias a su propia esposa, Claudia), Gaoth había procurado mantenerse alejado de Morgause. Pero en esta ocasión la joven de Cornualles abordó a Sir Gaoth casi por sorpresa.

Morgause apareció ante el caballero con un vestido sospechosamente similar a aquél con el que Gaoth había visto danzar a Igraine en el banquete de Lindsey. Con palabras suplicantes y encantadoras la joven Morgause confesó a Sir Gaoth que ella odiaba las tierras de Cornualles con todas sus fuerzas, sobre todo Tintagel, un castillo sobre acantilados en el que su padre la tiene encerrada durante gran parte del año junto con su madre y sus hermanas. Morgause también le contó a Gaoth que su padre planeaba abandonar la corte sin contar con la autorización del rey. Sabe que eso está mal y, además, ella quiere quedarse en Londinium, en la corte de Uther, por lo que le suplicó a Sir Gaoth que la ayudase a evitar ese error de su padre y poder así permanecer durante más tiempo cerca el uno del otro.

Al atardecer de ese día, Gaoth acudió a los aposentos de Sir Cilydd para comentar la cuestión con sus compañeros, pues sabía que Molacus también había acudido a interesarse por el estado y la evolución de Sir Cilydd.

Allí Gaoth les expuso su preocupación por lo que le había dicho Morgause, por supuesto sin desvelar la identidad de la dama.

Molacus se mostró preocupado por el bienestar de su amigo y de sus intenciones para con la dama, llegando incluso a proponerle que se llevase a la dama con él a Grimstead, si consideraba que era tan importante para él.

En cambio, Sir Cilydd se mostró inquieto por las consecuencias que podría acarrear el hecho de que Gorlois y su séquito abandonase la corte sin contar con el beneplácito de rey, ya que lo que le contaba Gaoth cuadraba con lo que le había comentado Sir Cador. Conociendo la tensa relación existente desde hace muchos años entre Uther y Gorlois, a pesar del reciente acuerdo entre ambos, un incidente como ese podría desencadenar una guerra. Cilydd tenía en gran estima al Duque de Cornualles y lo último que querría sería verse arrastrado a una guerra contra él. Pero ninguno de los tres caballeros decidió hacer nada al respecto, salvo Gaoth, que prefirió permanecer en sus aposentos para evitar la posibilidad de encontrarse de nuevo con Morgause.

Esa misma noche, cuando Sir Molacus recorría los pasillos de la Torre Blanca para dirigirse al salón, se encontró con que veía como borrosa la figura de algunas personas con las que se cruzaba, acompañadas por la figura de una mujer ataviada como una de las sacerdotisas de la Dama del Lago. Temiendo que tendría algo que ver con lo que habían comentado horas antes, Sir Molacus cambió de rumbo para dirigirse a las estancias de Sir Cilydd y comentarle lo que habían visto.

Temiendo algún tipo de hechicería Sir Cilydd y Sir Molacus decidieron salir al exterior a pesar del frío y la ventisca. En las caballerizas de la fortaleza real vieron a varias personas preparando monturas. Los caballeros eran incapaces de identificar sus rostros, pero sí que reconocieron las voces de Gorlois y Sir Cador impartiendo órdenes y apremiando a sus acompañantes para que se dispusiesen a partir. Junto a ellos, aguardando con tranquilidad a lomos de un caballo, estaba una mujer cubierta con una gruesa capa gris, de la que sí eran capaces de distinguir su rostro. Se trataba de Nínive una de las sacerdotisas de La Dama del Lago que Sir Cilydd ya conocía: ella era la Dama que se había llevado con ella a su hijo Howel. Habían pasado cuatro años desde entonces.

IMG_20210910_082328.jpg

Sir Cilydd se acercó a la Dama para preguntarle por su hijo, a lo que la Dama le contestó que no tenía de qué preocuparse, pues su hijo se encontraba bien, pero que en cualquier caso quizás este lugar y momento no fuesen los más adecuados para tener una conversación al respecto. Luego, muy seria, les sugirió a los caballeros que, por su propio bien, regresasen a la torre.

Apesadumbrado por la situación y sus posibles consecuencias, Sir Cilydd se despidió de Nínive, deseándole buen viaje, pues era evidente que iba a partir. La Dama le devolvió el saludo al caballero de Buckholt, deseando a los caballeros suerte durante este invierno, profetizando que el de este año sería especialmente duro.

Durante la cena trascendió la noticia: los de Cornualles habían abandonado la corte y Uther montó en cólera.

A pesar del fortísimo viento helado, Ulfius, siguiendo instrucciones directas de Uther, organizó grupos de caballeros para perseguir a los traidores, pero no consiguieron alcanzar a los de Cornualles.

Como había profetizado Nínive, aquél fue un crudo y larguísimo invierno.

Y soplaban fríos vientos de guerra para el siguiente año.

Un comentario en “Logres, año 490 (2ª parte) – Pasiones desatadas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .