Logres, año 491 – Guerra en Cornualles

La Fase de Invierno

El irregular y extraño invierno dejó su huella en todo Logres y las tierras de los Salisbury no quedaron al margen. En cualquier caso, las tierras de Porton y Buckholt sufrieron algo menos ¿Tal vez las palabras de la Dama del Lago cuando se encontraron con ella en la Torre Blanca de Londinium hubiesen tenido algo que ver?

El invierno en Buckholt.-

Teniendo en cuenta la crueldad con que el invierno de este año castigó las tierras de todo el condado, el señorío de Buckholt pareció disfrutar de una especie de tregua. Por algún extraño motivo las extremas heladas evitaron estas tierras, lo que permitió que se recogiesen las cosechas a tiempo y se pusiesen a buen recaudo en los graneros del señorío. Esto también provocó que algunas familias de aldeas cercanas se trasladasen hasta Buckholt para pasar el invierno.

Durante una de sus visitas a Sarum previas a Navidad, Sir Cilydd solicitó audiencia con el Conde para tratar el asunto de su matrimonio. Aunque durante el pasado año se había dejado ver con Lady Indeg, el caballero de Buckholt tenía la impresión de que la veterana dama lo estaba utilizando para sus intrigas y juegos de celos y vanidades. Habían pasado dos años desde el fallecimiento de Lady Adwen y, aunque sus dos hermanas se encontraban en Porton no sería por tiempo indefinido. El caballero consideró necesario tomar nueva esposa que se hiciese cargo de la administración de sus tierras.

LadyIndegPrecisamente durante su visita a la capital del condado, Lady Indeg advirtió su presencia y le preguntó por el motivo de su visita. El caballero se insinuó de nuevo como pretendiente y Lady Indeg le hizo una propuesta: accedería a contraer matrimonio con él, pero ella se haría cargo de sus propias tierras y administraría las de Sir Cilydd si él así lo quería. Lo que sí querría es que Sir Cilydd se hiciese cargo de la relación con los caballeros a los que tenía enfeudados parte de sus señoríos.

De este modo pudo arreglarse una boda antes de la corte de Navidad en Sarum.

Más tarde Sir Cilydd se pudo enterar de que Lady Indeg mantenía una especie de “guerra” de influencia con la Condesa de Rydichan, que todavía permanecía en la corte de Sarum, disfrutando de la hospitalidad del conde Roderick. Varios de los caballeros a los que tenía enfeudados parte de sus señoríos Lady Indeg, se habían ofrecido voluntariamente a ponerse bajo las órdenes de Sir Jaradan para afrontar la misión de recuperar las tierras de la Condesa de Rydichan, entre ellos algunos de los caballeros a los que tenía enfeudadas parte de sus tierras Lady Indeg, lo cual no le agradaba en absoluto y pretendía remediar al contraer matrimonio con Sir Cilydd.

El invierno en Porton.-

A su regreso a Porton, Sir Molacus se encontró con que su esposa había dado a luz a otro hijo, pero algo en el pequeño despertó las suspicacias de Sir Molacus acerca de la paternidad del pequeño. Desde el nacimiento de su primer hijo y, sobre todo, desde el incidente producido hace dos años cuando Lady Eleri apareció con su primogénito a la intemperie una madrugada lejos de Stapleford, la relación entre Sir Molacus y su mujer era más bien tensa y carente de confianza.

En Porton, aunque también se había recogido la cosecha a tiempo, dos de los sirvientes de la familia de Sir Molacus sufrieron graves enfermedades que les obligaron a permanecer en reposo prácticamente hasta la primavera del siguiente año. Pero, afortunadamente, tanto Sir Molacus como su familia se vieron libres de enfermedades.

Asimismo, durante el verano le llegaron noticias de Lady Rosalyn, una dama de alta alcurnia de Lindsey que Molacus había conocido hace años y que había tenido una hija fruto de su relación. Sir Molacus se las había arreglado para verse de nuevo con Lady Rosalyn durante el año pasado. Como consecuencia de ese apasionado encuentro, Lady Rosalyn dio a luz a un varón.

El invierno en Grimstead.-

Durante una de sus visitas de Sir Gaoth a Sarum, el Conde Roderick se entrevistó en privado con el caballero para asignarle a un joven llamado Morial como nuevo escudero, con carácter adicional al que ya servía al caballero de Porton. El conde Roderick omitió cualquier información al caballero respecto de la familia de procedencia del nuevo escudero. A cambio de su discreción, el conde obsequió a Sir Gaoth con una buena cantidad de denarios, para que la presencia del escudero en Grimstead no supusiese ningún inconveniente para Gaoth y su familia.

El caballero no cuestionó la petición del conde. Tener dos escuderos supondría una ventaja extraordinaria, a pesar del misterio acerca de su origen. Y en cuanto a esto…, en cuanto vio ante él al nuevo escudero Gaoth percibió en él un ligero parecido físico con…, alguien importante.

El frío del invierno y la humedad que trajeron las fuertes lluvias hicieron mella en la salud del veterano caballero de Grimstead. A pesar de que tanto su esposa Claudia como sus hermanas y hermanos insistieron a Gaoth para que se mantuviese al margen de las labores más duras, el tozudo guerrero insistió en continuar haciéndose cargo directamente de ellas, de modo que llegó a la primavera con la salud algo mellada, con la fuerza de sus brazos resentida y con algún achaque al que Gaoth restó importancia.

También durante el otoño creció la familia de Sir Gaoth, pues su esposa Claudia dio a luz a un saludable varón. Y no fue el único, pues su tío Sir Echen, también fue padre de un varón.

Guerra en Cornualles

El ejército de Salisbury se unió al contingente de tropas de Uther al paso de éste por Sarum. Uther había ordenado a todos los señores de Logres que acudiesen con las dos terceras partes de sus caballeros y soldados, por lo que el contingente de tropas era enorme.

Además, a su paso por el sur de Somerset se incorporaron al ejército varias unidades de caballeros procedentes de Escavalon. El rey Cadwy únicamente envió pequeñas unidades de caballería ligera que ayudaron al contingente de Uther a atravesar las húmedas tierras del entorno de Glastombury y Wells, pero los guerreros de Somerset no acompañaron al ejército de Logres en su camino hacia Cornualles.

Durante el trayecto, circulaban entre los caballeros comentarios acerca de lo desafortunado de la situación que les ha llevado a combatir a sus propios compañeros de Cornualles. Gorlois y su gente se había ganado el respeto de gran parte de las gentes de todo Logres. Pero órdenes son órdenes. Esto más o menos fue la contestación que recibió Sir Gaoth cuando trató de indagar al respecto de la opinión del conde Roderick acerca del enfrentamiento que iba a tener lugar.

Gran parte de los bosques de Cornualles habían sido quemados y arrasados, en un intento de obstaculizar que el ejército de Uther dispusiese de material para preparar instrumentos de asedio y asalto a las fortalezas.

Prácticamente toda la población buscó refugio tras las murallas de las escasas fortalezas de Cornualles.

Gorlois había dividido en dos su ejército. Una parte, con su familia y su tesoro, en la inexpugnable fortaleza de Tintagel, situada en los acantilados de la costa, encargando la defensa de la fortaleza a su leal caballero Sir Brastias. El contingente principal de las tropas de Cornualles las había reunido en el castillo de Terrabil, una fortaleza con sólidos muros de piedra.

Uther también dividió sus tropas. Envió un pequeño contingente a la costa para cortar toda comunicación de Tintagel, mientras que el grueso de su ejército partiría hacia Terrabil, donde se encontraba el propio Gorlois.

Tras recabar el consejo de sus caballeros de confianza, el conde Roderick decidió acudir con el grueso de sus tropas a Terrabil.

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El asedio al castillo de Terrabil

Tras varios tanteos para comprobar la cantidad de tropas que están defendiendo Terrabil y cómo están pertrechados, el ejército de Uther se despliega en torno a la fortaleza para tratar de rendirla por asedio. Eso implicaba permanecer varios días con muy poca o nula actividad, lo que provocó que la impaciencia cundiese entre parte del ejército de Logres.

Mientras algunos mataban el tiempo con cerveza y dando cuenta de la escasa comida encontrada saqueando los territorios circundantes, otros guerreros se mostraban cada vez más inquietos conforme pasaba el tiempo sin señales de rendición por parte de Cornualles. Conforme pasaba el tiempo, crecían los comentarios acerca de que cada día que pasaba el ejército de Logres en Cornualles era una oportunidad para que los sajones del Kent y Sussex se les ocurra invadir de nuevo Logres.

IMG_Huawei_HiAI_20211011_232454_processedEn una conversación con Sir Turpin “el supersticioso” durante una tarde, éste les contó a Sir Cilydd, Sir Molacus y Sir Gaoth que había escuchado discutir a Uther con el príncipe Madoc en su tienda. Por lo visto Madoc le había recriminado a Uther su actitud, recordándole que a un rey le corresponde hacer lo que debe y no lo que quiere. Además, por lo visto nadie había visto a Merlín durante los últimos días, lo cual también era motivo de inquietud para algunos.

Mientras disfrutaban de la cerveza que Sir Turpin les ofrecía (fruto del saqueo de algún señorío cercano), cerca del lugar en donde estaban reunidos los caballeros pasaron dos jinetes protegidos con gruesas capas de lana que continuaron su paso alejándose del campamento a lomos de dos buenos caballos hacia el oeste (en dirección contraria al castillo de Terrabil). Durante un instante en que el segundo de los jinetes se giró para mirar hacia atrás, cruzó su mirada con Sir Molacus y a éste le pareció distinguir el rostro de Uther.

Después de un momento de extrañeza comentó con sus compañeros lo que le pareció ver, pero finalmente éstos le restaron importancia. Podría ser algún encuentro secreto, como el que había mantenido años atrás con el rey Cadwy en Sommerset, o quizás acudía a alguna reunión con Merlín. Posiblemente el otro jinete fuese el Príncipe Madoc. Pero en cualquier caso son cuestiones que atañen al rey, él conocerá las razones.

Fue durante esa misma noche que se produjo el ataque.

El Duque Gorlois salió de su fortaleza de forma totalmente sorpresiva, al frente de su ejército. El ejército asediante no se esperaba una acción semejante.

Comenzaron a sonar los cuernos y sonidos y gritos de combate.

Los caballeros gritaron a sus escuderos para que les asistiesen para ponerse las armaduras, mientras el sonido del combate se escucha cada vez más cercano. Una vez que estuvieron debidamente pertrechados con sus cotas y escudos, y con la esperanza de que les diese tiempo antes de que los atacantes llegasen hasta ellos, los caballeros urgieron a sus escuderos para que les acercasen sus monturas cuanto antes.

Mientras aguardaban por sus caballos de batalla, Sir Cilydd, con voz firme y autoritaria, consiguió organizar a varios caballeros y hombres de armas cercanos para que montasen barricadas improvisadas antes de que llegase el enemigo.

Por todo el campamento corrían caballeros sin armaduras escapando de la columna de enemigos que continúaba saliendo a través de las puertas del castillo de Terrabil y que ya había alcanzado el campamento.

El caos era brutal. Entre los gritos y sonidos de los caballos, se escuchaban los ecos de las voces de los barones llamando a sus hombres para que formasen en torno a sus respectivos estandartes, para resistir la acometida sorpresiva de los cornualleses.

Justo cuando los escuderos se acercaban con los caballos de los caballeros irrumpía en la zona un contingente de soldados de infantería, tratando de abrirse paso a través de las barricadas que habían conseguido improvisar entre las tiendas del campamento.

Con dificultades los caballeros consiguieron abrirse paso hasta el frente de la unidad que Sir Cilydd había logrado reunir. A pesar de que gozaban de cierta ventaja respecto de los soldados enemigos, al estar montados a caballo, no les era cómodo combatir ya que los escuderos no habían dispuesto del tiempo suficiente para ajustar bien los arreos de sus monturas.

Afortunadamente a pesar de ello los caballeros consiguieron rechazar la primera acometida de los cornualleses, pero no tardó en aparecer otra unidad de enemigos. Un contingente de caballeros comandados por un joven que había perdido su casco cargaba con lanzas en su dirección, mientras los soldados que trataban de superar la barricada trataban de abrirles paso.

1634053050510Sir Gaoth consiguió interponerse con su montura y su escudo en la trayectoria de uno de los caballeros que cargaban contra ellos. Mientras Sir Cilydd alzó su voz por encima de las de sus hombres gritando “¡Salisbury!”, a lo que el caballero que cargaba contra él le contestó gritando “¡Por Gorlois!” al tiempo que cargaba contra el caballero de Buckholt, casi logrando derribarlo del caballo con el ímpetu de su ataque.

No hacían más que llegar enemigos por todas partes y los caballeros no eran capaces de localizar en la oscuridad el estandarte azur y oro de Salisbury para reunirse con el conde Roderick. En cambio sí fueron capaces de distinguir una voz grave que repetía una y otra vez el nombre de Uther: la voz de Gorlois, el duque de Cornualles.

Una vez consiguieron rechazar a los enemigos que habían alcanzado su posición, los caballeros fueron capaces de distinguir el estandarte del dragón, el pendón escarlata ondeando al viento con la enorme cabeza de dragón dorada con las fauces entreabiertas entorno al cual se estaban concentrando tropas atendiendo las órdenes del príncipe Madoc.

Los caballeros trataron de abrirse paso hacia allí, pero sus enemigos también buscaban el mismo camino. Si querían llegar allí a salvo debían de protegerse de los cornualleses que cargaban en la misma dirección.

El veterano Sir Gaoth se puso al frente de sus compañeros, abriendo camino entre sus enemigos a golpe de espada como si estuviese segando la mies, mientras sus compañeros le seguían, protegiéndose de las lanzas cornuallesas, logrando derribar a su paso a varios enemigos.

En el momento en que consiguieron alcanzar la zona en que se encontraba Madoc junto a Sir Ivo, el portaestandarte real, pudieron ver cómo una unidad de caballeros con armaduras resplandecientes,  liderada por Gorlois, cargaba contra el príncipe, que se encontraba a pie.

El propio Gorlois, al grito de “¡MUERTE A UTHER!”, cargó contra el príncipe de Logres, que trataba de protegerse del ataque de otro de los caballeros de Cornualles. Ese momento fue aprovechado por Gorlois para hundir su espada hasta la empuñadura en el cuerpo del heredero de Logres. Aun sin sacar el arma del cuerpo del príncipe agonizante, Gorlois se giró en dirección a los caballeros de Salisbury que acaban de llegar, dirigiéndoles una mirada inflamada en furia, mientras les gritaba repetidamente “¡¿DÓNDE ESTÁ UTHER?! ¡TRADEME A UTHER!

Sir Gaoth, Sir Molacus y Sir Cilydd, sin pensarlo demasiado, cargaron contra el duque, aprovechando que sus guardaespaldas todavía estaban trabados en combate con los guardaespaldas del príncipe.

Sir Gaoth fue el primero que espoleó su caballo contra Gorlois mientras gritaba “¡Viejo! ¡Te mandaré al infierno y luego yaceré con tu mujer!”.

El duque trató de recuperar su espada, que se había quedado incrustada entre las costillas del príncipe Madoc, pero no fue capaz y eso le impidió defenderse del ataque de los tres caballeros. A pesar de los violentos golpes de los caballeros, Gorlois, lleno de heridas, todavía consiguió mantenerse a lomos de su montura mientras gritaba a sus hombres para que acudiesen.

El viejo duque desistió de sus intentos de recuperar su espada del cuerpo ya sin vida del príncipe y echó mano de una maza para enfrentarse a Cilydd. El caballero de Buckholt se vio sobrepasado por la situación. Gorlois era un líder al que Cilydd respetaba desde que lo había visto al frente del ejército de Logres en la batalla de Salisbury, hacía más de diez años. Gorlois había salvado Logres y Salisbury de los sajones. Y ahora que lo tenía frente a él, como enemigo, no conseguía reunir fuerzas suficientes como para alzar la espada contra el duque de Cornualles. Ese momento de duda fue aprovechado por los guardaespaldas del duque, que se echaron encima de los caballeros de Salisbury amenazaban la vida de su señor, derribando a Sir Cilydd de su montura, haciendo que éste cayese al suelo, inconsciente.

Sir Molacus retrocedió preparándose para recibir la acometida de uno de los guardaespaldas de Gorlois, consiguiendo rechazarlo. Pero Sir Gaoth, dominado por una furia homicida, golpeaba una y otra vez entre gritos el escudo de Gorlois, ignorando totalmente las heridas causadas por el guardaespaldas del duque que había cargado contra él para tratar de apartarlo de su señor.

La determinación del caballero de Grimstead era fuerte y no cejó hasta que consiguió romper la defensa del duque. Gaoth golpeó el escudo del duque con tal fuerza que el escudo salió despedido por los aires, lo que aprovechó el caballero de Grimstead para hundir su espada en el vientre de Gorlois, atrayendo el cuerpo del duque hacia sí para introducir más profundamente la hoja de su espada en el cuerpo de su enemigo.

Mientras el duque expiraba su último aliento pudo escuchar como Sir Gaoth le gritaba al oído:

En Lindsey he disfrutado de tu hija Morgawse, ¡pero esta misma noche disfrutaré con tu esposa!

La noticia de que el duque de Cornualles había muerto comenzó a extenderse por todo el campo de batalla, mientras un Gaoth enloquecido aullaba de furia junto al cadáver de Gorlois y su compañero Sir Molacus organizaba a los hombres de Logres para proteger a su compañero.

Ante la mirada atónita de los de Cornualles irrumpió en escena el duque del Valle, Sir Ulfius, reclamando un caballo y arengando a las tropas de Logres para que se reorganizasen y cargasen contra el enemigo, que comenzaba a retroceder.

Sir Molacus, al comprobar que Ulfius se hacía cargo de la situación, descendió del caballo para acercarse a Sir Cilydd, que todavía yacía inconsciente en el suelo, llevárselo a una zona resguardada con la ayuda de un par de escuderos y tratar de evitar que se desangrara su compañero.

Gaoth sujetó las riendas del caballo de Sir Cilydd, que todavía se encontraba cerca, y se lo llevó al duque de Silchester. De algún modo parece que Sir Gaoth logro contagiar con su locura asesina al duque Ulfius y ambos cargaron al galope al frente de las tropas de Logres, irrumpiendo a través de las puertas del castillo de Terrabil.

No mucho después de la carga liderada por Sir Gaoth y el duque Ulfius se pudo ver desde el exterior de los muros del castillo el fulgor de las llamas que habían comenzado a extenderse por su interior.

Los de Logres habían tomado el castillo y habían ganado la batalla. Pero el coste en vidas había sido inmenso.

Muchos y muy buenos guerreros dejaron sus vidas en Terrabil.

Y otros muchos, cuando recobraron conciencia de lo que habían hecho en nombre de su rey, lloraron amargamente el coste de esa victoria.

La amarga noticia de la victoria

Tras asegurar el castillo y dejar un pequeño contingente de tropas, Ulfius condujo a la parte ejército de Logres que se encontraba en Terrabil hacia Tintagel, donde al parecer se encontraba Uther.

09ec1c1a7e1ba288656b5882e4c63109Dada la situación de la fortaleza de Tintagel, en unos acantilados de difícil acceso, no era necesario un ejército muy numeroso para su asedio, por lo que el campamento en que se encontraba Uther era apenas de varios centenares de hombres.

El ejército procedente de Terrabil fue recibido con felicitaciones por la victoria, pero no demasiado efusivas, pues la noticia de la muerte del príncipe Madoc ya había llegado a Tintagel.

Ulfius requirió que los caballeros de Salisbury le acompañasen para informar a Uther del desarrollo y las consecuencias de la batalla, pues ellos habían estado en primera línea y habían presenciado todo lo ocurrido.

Uther, sentado en un trono situado en una tarima elevada y con un serio Merlín tras él, los recibió con gesto lacónico. Ulfius se adelantó para informar de la victoria y presentó a los caballeros de Salisbury como los héroes que acabaron con Gorlois.

Sir Gaoth se adelantó y comenzó su relato de cómo recibieron un ataque nocturno, cómo el duque Gorlois había acabado con la vida del príncipe Madoc y cómo él y sus compañeros, Sir Molacus de Porton y Sir Cilydd de Buckholt, cargaron contra Gorlois dándole muerte.

Tras decir estas palabras Sir Gaoth se arrodilló ante Uther, disculpándose ante su rey por no haber podido llegar a tiempo para salvar la vida del príncipe.

Abriendo y cerrando compulsivamente sus puños, el rey se giró para dirigirle una mirada inquisitiva a Merlín. El mago mantenía la vista al frente. Uther se levantó lentamente sin decir una palabra y salió al exterior de la tienda con paso rápido.

Sir Cilydd fue capaz de distinguir cómo las lágrimas comenzaban a asomar de los ojos del rey.

A la mañana siguiente, los tres caballeros y Sir Ulfius encabezaron una siniestra comitiva hacia la entrada de la fortaleza de Tintagel, seguidos por el cuerpo del duque Ulfius, que estaba siendo portado por cuatro soldados. Y detrás de ellos, Uther.

Las puertas de Tintagel se abrieron para recibir el cuerpo de Gorlois, tras lo cual la duquesa Igraine acompañada de Sir Brastias atravesó las puertas para rendir la fortaleza a Uther.

Las desgracias suelen venir acompañadas

Los días posteriores fueron para enterrar a los numerosos fallecidos en Cornualles, de uno y otro bando. Entre ellos el príncipe Madoc, que fue enterrado en la Danza de los Gigantes, en Salisbury, junto a su tío Aurelio Ambrosio.

Las muertes en Cornualles no habían sido las únicas noticias trágicas en Logres.

Mientras el grueso del ejército se encontraba en el oeste invadiendo las tierras de Gorlois, un contingente de sajones liderado por el rey Aelle de Sussex y reforzado por tropas llegadas desde el continente, asaltó las murallas de la ciudad de Pevensey asesinando a todos sus habitantes, hombres mujeres y niños, ofreciendo sus vidas a Wotan.

A los dos meses del funeral de Madoc, y a pesar de la insistencia del duque del Valle para organizar un ataque contra los sajones, Uther anunció su boda con la duquesa Igraine de Cornualles

Para la ceremonia se habían enviado invitaciones a los principales reyes de Britania así como al resto de miembros del Supreme Collegium. La intención de Uther era la de celebrar una reunión del Supreme Collegium en Tintagel al día siguiente de la celebración del enlace, para la elección de un Alto Rey para Britania

Pero la reunión no llegó a celebrarse pues muchos de los miembros del Supreme Collegium abandonaron Tintagel tras la ceremonia. Según lo que pudo averiguar Sir Molacus, al parecer el rey de Malahaut había tenido algo que ver con ello.

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