nuevo-imagen-de-mapa-de-bitsMi nombre es Gwydion Vyrwell, soy Conde de Maesford desde la muerte de mi padre y descendiente de Turon Vyrwell, campeón de Vorynn, con quién luchó a su lado en la batalla del Monte Deismaar.

Mi padre fue Lord Grufydd Vyrwell, un gran hombre que amaba a su tierra casi tanto como a su familia. De hecho esa fue su perdición, yo fui la causa de su desgracia y esta es mi historia:

Desde que era niño, como primogénito de Lord Grufydd, fui educado para servir al Reino de Alamie y al condado de Maesford. Al demostrar mi afinidad con lo arcano a la edad de ocho años mi padre decidió enviarme a la ciudad de Anuire para que iniciase mi formación en la Escuela de Artes Arcanas de la antigua capital imperial, pero lo cierto es que a día de hoy todavía no he llegado a conocer esa antigua ciudad. Embarqué destino a Anuire junto con la guardia comandada por Sir Gareth y el séquito que me acompañaba, del cual formaban parte mis dos primos Elyanna y Finnbar, ambos hijos de Lord Heward Vyrwell, hermano de mi padre.

La primera noche de navegación tras la partida desde Maesford el barco fue asaltado por una banda de goblins y fui secuestrado junto con mis dos primos y otros miembros del pasaje.

Nos llevaron atados, amordazados y con los ojos vendados por caminos subterráneos durante varios días que me parecieron eternos, hasta que llegamos a una zona montañosa que, años después, supe que se trataba de la Región de los Cinco Picos, al norte de Alamie. Allí nos tuvieron como esclavos durante casi un año, si bien se hacía evidente que a mis primos y a mi no nos trataban con la misma crueldad que al resto de los secuestrados, lo cual no significa que fuesen precisamente amables con nosotros.

La razón la conocimos tiempo después cuando, otra vez amordazados y vendados los ojos, nos llevaron a los tres a lo que parecía un antiguo templo que no podría decir si fue construido por la naturaleza o por las criaturas que hoy habitan esta tierra, pero que en cualquier caso se parecía abandonado desde hace siglos y totalmente invadido por la vegetación. La estructura se encontraba en una especie de isla dentro de un pequeño lago subterráneo. Allí nos aguardaba un ser que ocultaba su rostro bajo una amplia capucha vestido con una especie de túnica oscura decorada con símbolos dorados que destacaban en la oscuridad de la noche. Lo recuerdo como increíblemente alto, aunque quizá no lo fuese tanto ya que son los recuerdos de un niño aterrorizado por su experiencia con los goblins y por lo que presenciaría después.

Con ese estaban otros cuatro acompañantes, no tan altos como él, que se acercaron a mis primos y a mi. En ese momento los goblins que nos habían llevado se retiraron con inquietud, como si no les gustase estar tan cerca de esos seres, dejándonos a nosotros a su merced.

Se llevaron primero a Finnbar y lo acercaron al ser de la túnica oscura entre gritos y forcejeos hasta que, una vez frente a él, lo sujetaron entre dos de sus acompañantes sobre una gran roca, mientras el ser oscuro alzó una daga larga y brillante mientras pronunciaba unas palabras en alguna lengua desconocida. En cuanto terminó de hablar sentí un estremecimiento en mi interior. De repente, aunque era noche, veía todo en aquél lugar con más claridad y, de alguna manera, en lo más profundo de mi conciencia se fue abriendo paso el convencimiento de que aquél no sería mi fin. Algo, desconocía el qué, interrumpiría la escena y cambiaría mi suerte, estaba convencido, pero al mismo tiempo supe que aquel momento era el último en que vería a mi primo Finnbar con vida. No pasó mucho tiempo hasta que el ser de la túnica oscura clavó con fuerza la daga en el corazón de Finnbar y, al momento, un fuerte viento nos tumbó en el suelo a Elyanna y a mi.

Desconozco cuánto tiempo pasé inconsciente, puede que fuesen horas o minutos, lo siguiente que recuerdo es despertar mientras era arrastrado al mismo lugar que momentos antes había ocupado Finnbar. Trataba de liberarme de las figuras que me arrastraban y, aunque algo en mi interior me decía que yo no acabaría como mi primo, intenté reunir fuerzas para escapar y pedir ayuda, pero mis extremidades estaban casi paralizadas y de mi garganta no pudo salir más que un desesperado gemido.

En el momento en que me acercaron al pie de la roca me vi a mi mismo desde una posición elevada, desde los ojos de un búho que observaba la escena desde lo alto de una columna y pude ver también la banda de órog que en esos momentos rodeaba el templo oculta en las sombras.

Cuando vi que mi cuerpo estaba ya situado sobre la piedra en la que habían asesinado a mi primo, con el cuerpo sin vida de éste a mis pies, una rápida niebla comenzó a cubrir la pequeña isla y comenzó el ataque, eran sobre diez órog robustos y bien armados que cayeron sobre los cuatro encapuchados que acompañaban al que había asesinado a Finnbar.

Los dos encapuchados que me habían acercado a la piedra fueron los primeros en caer, ensartados por varias flechas. El alto encapuchado reaccionó derribando a tres de los atacantes con proyectiles que hizo surgir de sus manos huesudas. Una densa niebla, sin duda de origen mágico, nos rodeó a todos y, entre gritos y alaridos, cesó la lucha. Al poco rato los órog me encontraron, todavía maniatado, y me llevaron con ellos. Habíamos sido secuestrados por segunda vez mi prima Elyanna y yo.

* * *

Recuerdo que cuatro de esos seres nos llevaron a través de colinas y valles frondosos durante varias noches y por túneles excavados en la roca durante algunos días, hasta que una noche fuimos liberados gracias a Raven y sus hombres. Tres de los órog que nos custodiaban a Elyanna y a mi fueron súbitamente atrapados en una especie de redes pegajosas, tras lo cual se oyó una potente voz proveniente de los árboles pronunciando unas palabras que, tras unos breves momentos de vacilación mirando a sus compañeros atrapados con la espada desenvainada, hicieron huir al órog que quedaba. Mi prima me abrazó fuertemente preparándose para el próximo peligro que nos acechaba, pero en ese momento fue cuando finalizó nuestra pesadilla.

De entre los árboles vimos surgir la figura de un hombre vestido con ropas pardas y un arco largo cruzado a su espalda, que luego vimos que estaba acompañado por otros tres a los que daba órdenes para que acabasen con la existencia de los órog que se trataban de liberarse de las redes que les atrapaban.

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Llyr

Así fue como conocí a Raven, cazador de los Uluk, una tribu adaptada a vivir en la espesura de los bosques del sur de Los Cinco Picos. Nos llevó con él hasta su refugio y nos ofreció comida caliente que mi prima y yo devoramos con ansia, tras lo cual le relatamos nuestra historia. Mientras Elyanna relataba a Raven cómo habíamos sido llevados hasta el templo abandonado, volví a ser consciente de una sensación que no me había abandonado desde entonces y observando lo alto de los árboles que nos rodeaban descubrí un búho que nos observaba con atención. Era el mismo que nos había estado observando en aquél lugar en que asesinaron a Finnbar. En ese momento el animal desplegó sus alas y planeó hasta llegar a mi lado para hacerse con un trozo de carne que me había caído mientras comía. Llyr –así decidí llamar al que sería mi compañero desde aquella noche– nos había seguido desde aquél lugar. En pocas ocasiones he llegado a sentirme tan plenamente feliz y a gusto como en aquellos días con Raven, el cual, como pudimos comprobar, no sólo era apreciado por los miembros de su comunidad si no que también era profundamente respetado por otros pueblos de Los Cinco Picos con los que se encontraba o que acudían a él para solicitar ayuda o consejo.

Tras varias semanas con él, nos dijo que le habían llegado noticias relativas a nuestras familias, que nos estaban buscando y nos prometió que nos llevaría de vuelta hasta ellos. Nos contó que desde que mi padre tuvo noticia del ataque al barco que nos llevaba a Anuire, hacía más de un año, destinó todos sus esfuerzos y hasta al último de sus hombres a la misión de dar con nuestro paradero. Su hermano, Lord Grofang, padre de Finnbar y Elyanna, a pesar de ello no dejaba de presionar a mi padre exigiéndole mayores esfuerzos para localizarnos. Mi padre gastó casi toda su fortuna y recursos en dicha misión, con lo que logró que no sólo todo el reino de Alamie supiese que nos estaba buscando si no también la noticia trascendiese a los reinos vecinos, y parte de la riqueza de nuestra familia se dilapidó recompensando falsas pistas y falsos adivinos que prometían localizarnos.

Una mañana Raven nos contó que había oído que un grupo de soldados de Maesford destinado a dicha misión se encontraba en las tierras del norte de Alamie, comandados por Sir Gareth y acompañados de Lord Mustell, hechicero de la corte del Duque de Alamie. Partiríamos ese mismo día hacia ellos.

Fue en una aldea del norte de Nortmoor, no recuerdo su nombre, donde Elyanna y yo nos encontramos con Sir Gareth que estaba acampado a las afueras. Éste recompensó generosamente a Raven por su generosa ayuda y habernos rescatado. Sir Gareth estaba visiblemente emocionado por habernos encontrado y fue cuando le pregunté por qué mi padre no se encontraba allí cuando me contó, afectado, que Lord Grufydd Vyrwell había fallecido hacía casi dos meses y que ahora era yo el nuevo conde de Maesford. Me consta que Sir Gareth tenía en alta estima a mi padre así como que todavía no se ha perdonado el hecho de que, bajo su cuidado, nos hubiesen secuestrado a mis primos y a mi, ni que no pudiese impedir que mi padre muriese envenenado. Sir Gareth me contó que fue en Lambeth, en la fortaleza de Sir Maillard, unos de los vasallos de Lord Heward Vyrwell. Se encontraban allí de paso para hacer noche porque habían tenido noticias de que podíamos estar en algún lugar en el interior de los pantanos de Rivenport. Al poco de terminar la cena que les sirvieron, empezaron a mostrar síntomas de envenenamiento quienes habían comido en la mesa del gran salón de Sir Maillard, incluyendo el anfitrión. Además de mi padre murieron el propio Sir Maillard y tres de sus mejores hombres, Lord Heward también estuvo a las puertas de la muerte, pero quizá por su más robusta constitución consiguió combatir los efectos del veneno. Aún así arrastra desde entonces secuelas que le han paralizado parte de su rostro y el brazo izquierdo.

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Lord Munstell haciendo migas con Llyr

A pesar de mi estado una vez que supe que mi padre había muerto, en cuanto llegamos al campamento Lord Mustell me exigió que le relatase varias veces la escena del ritual en el que arrancaron la vida a Finnbar así como mis experiencias a partir de esos días, lo que hice en su tienda y bajo la atenta y curiosa mirada que Llyr cruzaba con Lord Mustell.

Tras mi regreso se tomaron dos decisiones que definirían mi futuro así como el de mi familia. La primera, que yo me iría a vivir a Lofton, la capital del Reino de Alamie, para mi formación como hechicero a cargo de Lord Mustell, mi madre continuaría asumiendo las responsabilidades del gobierno del condado de Maesford durante mi ausencia, tal como había estado haciendo desde que mi padre salió en nuestra busqueda; y la segunda, que debido a que mi tío responsabilizó a mi padre de lo que había ocurrido, una vez conoció la muerte de Finnbar, rompió totalmente su relación con nuestra familia lo cual a mi me entristeció doblemente, ya que no sólo apreciaba a mi tío si no que a partir de entonces no volvería a ver a Elyanna, con la que había creado un estrecho vínculo durante los meses en que permanecimos cautivos.

* * *

Durante los años de mi residencia en Lofton bajo la tutela de Lord Mustell y durante los viajes con él por todo el Reino de Alamie y parte de los reinos limítrofes pude conocer las distintas fuentes de poder y conocimiento arcano del reino.

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Eberk

Durante dichos viajes tuve ocasión de conocer también a muchos de los miembros de las casas nobles de Alamie y algunos notables personajes de otros territorios, estableciendo cierta afinidad con varios de ellos entre los cuales he de destacar a Eberk, enano Sacerdote de Moradin del clan Greystone, con el que conecté fácilmente una vez conoció de primera mano el relato de mi captura por los goblins y luego por los órog (fue él quien me enseñó a defenderme con el bastón); y tampoco puedo olvidar a Dairon Tane, un bardo que nos acompañó en gran parte de los viajes que realicé junto a Lord Munstell por las distintas provincias de Alamie y que ahora me sirve fielmente como amigo y consejero.

Al fallecimiento de mi Maestro, hace no mucho tiempo, fui designado por su Alteza, el Duque de Alamie, Hechicero del Reino de Alamie, cargo que trato de ejercer sin descuidar mis obligaciones para con mi condado de Maesford, lo cual no siempre es fácil ya que las necesidades del Reino no son pocas, y se multiplicarán sin duda desde el reciente fallecimiento de nuestro Duque.

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